Queridos hermanos y hermanas, en este segundo domingo del adviento el evangelio inicia con esta frase: “Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.” (Marcos 1,1).
Desde el inicio de su evangelio Marcos quiere presentar quien es Jesús, su verdadera identidad. Fue él, el primero que utilizó la palabra evangelio (que significa alegre noticia), para designar toda la vida y obra de Jesús. ¡Feliz idea y feliz noticia!
Hoy el evangelio nos enseña que todo lo que hizo y dijo Jesús es buena noticia para quien lo sigue, vive con Él y de Él. Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús es el misionero del Padre.
Papa Francisco nos recuerda que “no es lo mismo tratar de construir el mundo con Su evangelio que hacerlo solo con la propia razón. Sabemos que la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrar un sentido a todo. Por eso evangelizamos” (EG 266). Entonces, podemos decir que en Jesús “la acción de Dios se hace historia y asume los ritmos de la historia” (Rinaldo Fabris)
Esta buena y alegre noticia ha llegado hasta nosotros y ha cambiado la vida de muchas personas, y sigue como una invitación permanente para vivir el gozo de la presencia de nuestro Dios y Señor. Aquel que nos consuela amorosamente y aquel que como el buen pastor nos reúne y nos lleva en sus brazos (cfr. Isaías 40,10-11).
Para presentar la venida de Jesús, Marcos observa que es necesario un tiempo de preparación, en el cual subraya tres elementos:
El primero es la Sagrada Escritura, citando las palabras del Profeta Isaías: “Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino”. Estas palabras aluden a un camino que hay que preparar: el camino de Dios hacia su pueblo y el camino del pueblo hacia su Dios.
El segundo elemento es el envío de un profeta, Juan el Bautista, aquel que indica el camino de la auténtica conversión. Su coherente mensaje no se trata tanto de una predicación moral, sobre todo, es la necesidad de esperar a “otro”, del cual Juan afirma “Yo no soy digno de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias” (Mc 1,7). Parece que Marcos pone en claro que el anunciador de Jesús, el auténtico precursor, es aquel que no usurpa el nombre de Jesús, sino que es coherente con los valores que proclamó y vivió.
Como tercer elemento, Marcos presenta el mismo pueblo, que a través de la predicación de Juan camina penitente hacia el desierto. Es un pueblo nuevo, que nace con el bautizo del Espíritu Santo, así como Juan había proclamado: “Yo he bautizado con agua, pero Él, el Cristo, os bautizara con el Espíritu Santo”(Mc 1,8).
Juan predica la urgencia de disponer el corazón para la venida del Mesías, y acompaña sus palabras con el rito de inmersión en las aguas del rio. Este rito expresaba la necesidad de lavarse de sus culpas, signo de cambio de vida, limpieza interior y deseo de renacer. Este es el milagro que Cristo continua a realizar por obra del Espíritu Santo. Cambiar de vida y seguir un nuevo camino. Podemos decir que son los milagros del camino. ¿Qué camino? Camino que vamos construyendo cada día de nuestra vida. Yo, tu, nosotros, todos, estamos convocados a preparar el camino del Señor, porque muchos hermanos y hermanas, todavía no conocen la Buena Noticia de Jesús. Muchos desconocen el Evangelio de la vida y otros tantos fueron abandonados o abandonaron el camino, por falta de evangelizadores o testimonios de la alegría del evangelio.
Que en este Adviento aprendamos con Juan Bautista a ser precursores de un mundo nuevo, en donde todos los caminos conduzcan, “a cielos nuevos y tierra nueva, en que habite la justicia” (2 Pedro 3,13).