Ante esta pregunta siempre surgen respuestas rápidas, como que es más doloroso perder un hijo que un padre, o perder una pareja por separación que un trabajo o a una mascota. Lo cierto es que no hay una respuesta exacta, todo depende de quien lo vive, cómo lo vive y qué botones aprieta la perdida en cada persona. Es un proceso individual y en esta entrevista que me hizo Elizabeth Baralt lo hablamos a través de un ejemplo personal.