En la tercera bienaventuranza, Jesús dice: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra". La mansedumbre no es debilidad, sino fuerza bajo control y disposición a confiar en Dios en lugar de en nuestras propias fuerzas. En este episodio, exploraremos cómo la verdadera mansedumbre nos abre el camino a recibir las bendiciones de Dios.