Estoy asombrada con la decisión de Otto Sonnenholzner de renunciar a la Vicepresidencia de la República.
Esta será la época en la que un Gobierno tuvo tantos vicepresidentes que no lograron sintonizar con el encargo dispuesto por el pueblo.
El cargo de las altas dignidades es para servir a la ciudadanía y no para medir las posibilidades en qué momento retirarse ya sea por corrupción o intereses personales.
En el caso de Jorge Glas y María Alejandra Vicuña fueron separados del cargo por actos de corrupción y en el caso de Sonnenholzner es por un interés personal.