La ciudadanía se pregunta por qué una sola de las medidas anunciadas por el gobierno es la que está generando todo el caos que se está viviendo en el Ecuador. El Asambleísta Cucalón, luego de saludar y agradecer, indicó que en una democracia siempre es válido el poder protestar, el poder reclamar y rechazar una medida gubernamental; es más, es estable que hay un debate sobre si las medidas son valientes o inconvenientes. Lo que no es dable, lo que pera contra toda lógica, es propiciar el caos y paralizar los servicios públicos, no solamente porque se contrapone con la Constitución y con la ley, sino que, con justificada razón indigna a los ciudadanos, que lo que quieren es trabajar, lo que quiere es prosperar y sienten que estos reclamos toman otras vertientes que terminan perjudicando a las grandes mayorías, al interés general, que es lo que debemos precautelar. El día de ayer terminó en caos y en saqueo, lo que no tiene nada que ver con protestas; eso es delincuencia común y es imperdonable bajo todo punto de vista. La fuerza pública tiene que actuar con firmeza, dentro de la ley, para imponer el orden, la seguridad y la paz ciudadana. Los subsidios deben ser temporales y deben beneficiar a quienes los necesitan; no pueden ser para favorecer a los pudientes, a los ricos y al contrabando. Los recursos del estado se deben transparentar y no pueden seguir beneficiando al contrabando en Colombia y Perú; deben ser utilizados en educación, en salud, en seguridad y principalmente dirigido a los más pobres. El problema es la forma en la que se implementa la solución del problema; por ejemplo, el aumento al diésel pude afectar la productividad y por tanto al empleo. No es que la medida es mala, es cómo se le va a implementar de golpe, cuando es una de las pocas ventajas competitivas que tiene el sector productor, en comparación con muchas otras desventajas con otros países. Lo que hace falta es apertura. Hay propuestas interesantes que reemplazan, por ejemplo, a la jubilación patronal, cuya génesis ocurrió cuando no había la seguridad social y que las empresas han tratado de burlar.