Todos necesitamos ser amados con un amor que no falle. No sólo necesitamos a Dios, lo anhelamos, lo esperamos, lo preferimos porque El es el que hace funcionar la mente y el corazón. La misericordia disponible de Dios es la que llena el vacío de nuestra existencia con su gran Amor. En el tenemos plenitud, por El podemos ser libres de nuestra rebeldía que nos esclaviza y destruya poco a poco.