Hemos confundido a la santidad con nuestros gustos y disgustos en lo atinente a usos y costumbres. En Colosenses leemos: “…Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso?...”. (Col. 2: 20-22).