Mateo no empieza con un relámpago, empieza con una lista de nombres. Y eso ya es un mensaje: Dios entra a la historia real—familias, generaciones, decisiones, heridas. En esa genealogía aparecen mujeres con historias complejas, como una señal de gracia: Dios no maquilla el pasado, lo redime. Y luego el capítulo se vuelve íntimo: José y María enfrentan una noticia imposible de procesar a simple vista, hasta que Dios habla y guía. Mateo 1 abre el evangelio diciendo: aquí llega el Rey… y llega por gracia.