¡Feliz cien cumpleaños! Tu nieta favorita (no se lo digas a las demás) te preparó una sorpresa: un mapa holográfico que muestra todos los lugares a los que has estado, no solo en la Tierra, ¡sino en todo el universo! Aunque no has estado realmente en el espacio, has vivido en una roca giratoria que da vueltas alrededor de un sol, atravesando una galaxia rapidamente, y el viaje solo se vuelve más extraño a partir de ahí.
Has hecho grandes avances en el gran esquema de las cosas. Pero... ¿cuánto, exactamente? Tu atlas comienza en la superficie del planeta. A lo largo de tu vida has caminado unos cientos veinte mil kilómetros, lo mismo que tres viajes alrededor del mundo. Las caminatas diarias y los viajes internacionales suman algunos más.
Esto puede parecer sorprendente si no consideramos el recorrido alrededor del planeta que hacemos todos los días por su rotación. La distancia que se recorre de esta manera varía de una persona a otra: quienes están cerca de los polos trazan un círculo más pequeño que quienes están en el ecuador. Si vives a medio camino entre ellos habrás acumulado treinta mil kilómetros cada día sin mover ni un músculo. Excepto que tu movimiento no es perfectamente circular. Es una floritura. Como la Tierra orbita elípticamente alrededor del Sol, ahí tienes, se añaden cerca de novecientos cuarenta millones de kilómetros más cada año. Pero la historia no termina allí. Todo nuestro sistema solar está dentro de la heliosfera, una burbuja de partículas cargadas que el Sol emite.
Esa burbuja orbita alrededor del centro de la Vía Láctea, que tiene un agujero negro supermasivo, a una velocidad de unos doscientos kilómetros por segundo. Una órbita completa dura doscientos treinta millones de años, lo que significa que hemos envejecido poco más de un año galáctico desde los primeros dinosaurios. En tus 100 años, has sido testigo de cuatrocientas millonésimas de una rotación.
Eso sigue siendo seiscientos mil millones de kilómetros, o dos mil doscientos viajes de ida y vuelta entre la Tierra y el Sol. Nuestra galaxia y más de cien vecinas juntas forman «El Grupo Local». La Vía Láctea y Andrómeda se acercan una a la otra a ciento veinticinco kilómetros por segundo y chocarán en unos cuatro mil quinientos millones de años.
El Grupo Local es un pequeño punto dentro del supercúmulo de Virgo, que, a su vez, es solo uno de los muchos lóbulos del supercúmulo de Laniakea, que contiene más de cien mil galaxias. Este supercúmulo tiene un misterioso centro gravitacional llamado Gran Atractor. Como estas enormes masas se atraen gravitacionalmente unas a otras, el movimiento de nuestra galaxia es mucho más caótico que el de una órbita circular y ordenada.
A lo largo de tu vida, has recorrido dos billones de kilómetros a unos seiscientos kilómetros por segundo en relación con el Gran Atractor. El supercúmulo de Laniakea, como ya sabes, se mueve en comparación con todo lo demás en el universo. Hasta ahora, en cada paso, tu nieta ha usado puntos de referencia claves para describir tu movimiento relativo.
Pero el universo no tiene centro. En lugar de eso, los astrónomos emplean el Fondo Cósmico de Microondas, o FCM, un eco del universo antiguo que consiste en fotones de baja energía que rebotan en todas partes y en todas direcciones todo el tiempo. Imagina que estás en un lugar donde el viento sople hacia ti a la misma velocidad desde todos los lados.
Si comenzaras a correr en cualquier dirección, el viento que te golpeara en la cara tendría una velocidad mayor, mientras que el viento en tu espalda sería más ligero. El FCM es así: Sin importar la dirección en la que viajemos, el FCM parece más energético o desplazado al azul, mientras que detrás de nosotros se presenta desplazado hacia el rojo.
La medición del grado y la dirección de ese cambio nos permite conocer hacia dónde vamos y a qué velocidad, en relación con el FCM. Y la respuesta es: 630 kilómetros por segundo hacia el Gran Atractor. En resumen: giras en espiral alrededor de un Sol que rodea un agujero negro supermasivo, precipitándote hacia otra galaxia, serpenteando caóticamente alrededor de un supercúmulo. Sin embargo, no has sentido nada de eso; arropado como estás en tu nave espacial planetaria por el abrazo de la gravedad.
Si trazas una línea recta desde el punto en el que naciste hasta donde te encuentras hoy, ¡mediría cerca de una quinta parte de un año luz! Eso puede no parecer mucho, pero tampoco lo es caminar por un parque o sentarse a ver una puesta de sol. Hay maravillas por descubrir en cada punto de nuestros breves viajes.