Las leyendas forman parte de nuestra cultura. A veces son disparatadas, alocadas, incluso ridículas. Otras veces, como en el caso que vamos a contar hoy, son inquietantes, o incluso, podríamos decir, terroríficas. Tanto en un caso como en otro, suelen tener un ingrediente en común: casi siempre hay un poso de verdad.
De eso hablamos hoy: no sólo de una leyenda terrible de un lugar concreto, como ahora veremos, sino de la leyendas en general. De por qué las creamos; de qué nos lleva a necesitar esta tradición oral y a veces escrita.
La historia de hoy es diferente a todas las demás que hemos compartido aquí a lo largo de este año y medio de podcast, a lo largo de estos 30 episodios, ya. Esta vez no hay escritores, ni artistas, ni arquitectos... tampoco los gángsters y pistoleros que tantas historias han protagonizado a lo largo del siglo pasado en Barcelona. Esta vez os propongo un viaje a un pueblecito de Tarragona, a Pratdip, para conocer la historia de los terroríficos ‘dips’.
¿Que qué eran los dips? Pues eran ni más ni menos que perros vampiro. Animales salvajes dotados de unos colmillos mortíferos que chupaban la sangre de sus víctimas. Para concerla, vamos a visitar Pratdip.