“¿Quién subió al cielo, y descendió? ¿Quién encerró los vientos en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un paño? ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” Proverbios 30:4
El Proverbista desafía a toda la humanidad a explicar los cielos, los vientos, las aguas y la tierra: “¿Quién puede pretender haber subido al cielo, para echar un vistazo a los orbitas de arriba, y luego haber descendido, a darnos una descripción de ellos? ¿Quién puede pretender haber tenido el mando de los vientos, haberlos tomado en su mano y manejarlos, como lo hace Dios, o haber atado las olas del mar con pañales, como lo ha hecho Dios? ¿Quién ha establecido los confines de la tierra, o puede describir la fuerza de sus cimientos o la extensión de sus límites? Dios y su hijo, el mesías, son los únicos que pueden dar respuesta a estas preguntas.
En el evangelio de Juan 3:13 leemos “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.” Jesus es el que descendió del cielo y volvió a ascender. Jesus era el gran “Yo soy el que soy”. Quien ha recogido el viento en sus puños y atado las aguas como en un manto. Desde la antigüedad se esperaba que el Mesías fuera el Hijo del Todopoderoso. Jesus comprende perfectamente los dos mundos, el celestial y el terrenal y eso lo hace el perfecto mediador entre los dos. Por esto es que nuestro salvador Jesucristo es digno de ser adorado hoy y siempre.