“Del Dios de sus padres no hará caso, ni del amor de las mujeres; ni respetará a dios alguno, porque sobre todo se engrandecerá.” Daniel 11: 37
La expresión “ni del amor de las mujeres” hace referencia al hecho que dentro de la revolución francesa, la unión matrimonial se convirtió en un mero contrato civil y que como tal podría ser disuelto en cualquier momento a voluntad de la pareja. Hoy vemos mas y mas que los divorcios no son mas historias de Hollywood sino ha llegado aún la iglesia del Señor.
Cuando una persona dice ser ateo o no creer en Dios, la verdad es que esa persona es creyente, es decir que ejerce la fe. La fe se define en el libro de Hebreos 11: 1 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Cuando se rechaza a Dios, se pone la certeza o la convicción en algo más. Aunque se diga que los ateos basan su criterios en evidencia, ciencia, lógica y razón, la verdad es que hay muchas cosas que nos pueden ser probadas 100% de manera empírica y es ahí donde ejercemos la experiencia, la fe, el razonamiento, e intuición. Pero la verdad es que se necesita tener mucha más fe y certeza para creer que el mundo donde vivimos no tiene un creador. Que el don maravilloso de la vida es simplemente el resultado de un accidente y sobre todo que nuestras vidas no tienen ningún propósito particular, es decir somos unos organismos vegetales que pensamos, sentimos, planeamos, pero sin ningún objetivo. La fe en Dios nos da esperanza, sentido de vida y propósito cada día, es por eso que es más fácil creer en Dios y no creer en él.