Aquí entra en la escena Antíoco IV (Epífanes), que gobernó desde 176 hasta 164/163 a. C. Durante su breve reinado de 12 años, Antíoco casi exterminó la religión y cultura de los judíos. Finalmente los judíos se rebelaron y lo expulsaron de Judea. Aquí también entra el imperio Romano, con quienes los Judios se aliaron. De ahi los judíos disfrutaron de casi un siglo de relativa independencia y prosperidad bajo la protección romana, hasta que Judea se convirtió en una provincia romana en 63 a. C.
A través de la historia han existido poderes y reyes que han querido destruir totalmente al pueblo de Dios, entre los cuales tenemos a Faraón, Senaquerib, Nabucodonosor, y Aman entre otros. Todos deseaban erradicar la presencia de los israelitas, lo que ellos creían y representaban. Pero Dios no lo permitió. Siempre estuvo presente para defender a su pueblo. Siempre es bueno recordar lo que el apóstol Pablo nos dice en Efesios 6: 12, donde se nos advierte que nuestra lucha no es contra reyes, o reinos terrenales, sino contra potestades espirituales. Y la única forma de poder salir victoriosos es “fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” (Efesios 6: 10) En cada una de las historias Bíblicas donde vemos que el pueblo está apunto de ser exterminado, Dios en su poder defendió a su pueblo, y hoy no es diferente. Él está más que dispuesto a fortalecernos, ayudarnos y defendernos de nuestros verdaderos enemigos espirituales. Recordemos los eventos Bíblicos donde Dios peleó y salvó a su pueblo.