“Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir.” Isaias 48:17
A pesar de la desobediencia de la raza humana en general y en particular la del pueblo de Israel, Dios nunca nos ha dejado solos. Siempre ha estado ahí para advertirnos, para reprendernos, para corregirnos. Él ha sido como un maestro lleno de enseñanzas que tenían el objetivo de ser para nuestro provecho. El Mesías sería la manifestación perfecta de ese maestro lleno de sabiduría y amor
En el evangelio de San Juan 3:2 leemos “Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Nicodemo era un maestro de Israel y se presenta a Jesus, con la intención de ofrecerle su sabiduría e influencia para que Jesus pueda conseguir su objetivo. Pero allí precisamente donde Jesus da una de las enseñanzas más beneficiosas para la raza humana y es: Necesitamos nacer de nuevo, del agua y del espíritu. De todas las doctrinas, de todas las profecías, de todas las instrucciones bíblicas, la más importante es la de estar seguros de nuestra salvación eterna. Y para ello necesitamos venir a la cruz del calvario y morir, para nacer de nuevo. Si hoy nacemos de nuevo, podremos con seguridad, ver el reino de los cielos.