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La disrupción del Covid-19 ha venido no solo a cambiar, sino a amenazar nuestra salud, economía y estilo de vida. Distanciamiento social, confinamiento en casa y pérdida de empleos, nos dejan claro que esto no solo es una crisis de salud, sino también económica y personal. Sin duda este es el mejor momento para construir resiliencia y perseverancia. Aprendé cómo en nuestra nueva serie de charlas.
Después de la crucifixión de Jesús, ninguno de sus seguidores esperaba que resucitara. Todos tuvieron miedo, de hecho solo un grupo de mujeres fue lo suficiente valiente para no esconderse. Pedro incluso lo negó con maldiciones y luego se escondió por temor de que a él también lo crucificaran. Sin embargo, todo este miedo en Pedro y los discípulos se convirtió en valentía después de la Resurrección de Jesús. La Resurrección cambió todo para los discípulos y sigue cambiando todo para nosotros también. Celebremos juntos el evento más importante de la historia y la base de nuestra fe.
Cuando nuestro mundo se sacude es fácil que se propague el miedo. Pero Dios promete estar con nosotros sin importar lo que se nos presente. En tiempos de incertidumbre, es más importante que nunca confiar en quién es Dios y en cómo Él dice que podemos vivir: ¡Sin Miedo!
Cuando nuestro mundo se sacude es fácil que se propague el miedo. Pero Dios promete estar con nosotros sin importar lo que se nos presente. En tiempos de incertidumbre, es más importante que nunca confiar en quién es Dios y en cómo Él dice que podemos vivir: ¡Sin Miedo!
Cuando nuestro mundo se sacude es fácil que se propague el miedo. Pero Dios promete estar con nosotros sin importar lo que se nos presente. En tiempos de incertidumbre, es más importante que nunca confiar en quién es Dios y en cómo Él dice que podemos vivir: ¡Sin Miedo!
Todos caminamos por la vida con miedo ocasional. Y no siempre es algo malo. El miedo es un subproducto de nuestra capacidad de pensar sobre lo que podría suceder en el futuro, y puede protegernos del daño. Sin embargo, vivir con demasiado miedo puede hacernos sentir absortos, distraídos y demasiado protectores. Pero la buena noticia es esta: no tenés que tener miedo, incluso cuando hay algo a lo que temer.
Cuando se trata de la culpa, muchos de nosotros naturalmente nos apoyamos en uno de estos dos comportamientos: nos revolcamos reviviendo el pasado, o lo negamos inventando excusas. En cualquier caso, la culpa nos está haciendo perder el equilibrio. El apóstol Pablo nos recuerda que, debido a Jesús, la culpa no es nuestro jefe.
En las relaciones, a menudo creemos que si encontramos a la persona adecuada, todo se arreglará. Entonces nos preguntamos: "¿Es esta la persona adecuada para mí?" Tal vez necesitamos hacer una pregunta diferente, una pregunta que cambia nuestro enfoque de buscar a la persona correcta y, en lugar de eso, convertirnos en la persona correcta.
Desde primaria hasta secundaria, muchos de nosotros tuvimos ideas de cómo debería ser una relación perfecta en nuestro futuro. Y si bien, esos sueños pueden no representar nuestra realidad actual, un paso en la dirección correcta podría ser seguir el consejo de Pablo, el apóstol: dejar de ser infantiles y comenzar a ser adultos.
"Yo prometo..." no significa "yo puedo...", tampoco significa "yo quiero". Si buscamos tener buenas relaciones, debemos hacer algo de trabajo. Enamorarse es fácil, incluso casarse es fácil. Lo que es difícil es mantener vivo el amor. Necesitamos nutrir nuestra relación para que crezca. Nutrir la confianza. Nutrir la intimidad. Nutrir el romance.
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