Oramos por las mujeres ancianas a las que la vejez les ha cambiado la vida. De líderes las ha convertido en seguidoras. De vivir en el centro, ahora forman parte de la periferia de sus familias. Rogamos por su fortaleza, consuelo y esperanza.
Oramos reconociendo nuestra confusión ante la forma que Dios obra cuando, creemos, podría estarlo haciendo de otra manera. Le reiteramos el propósito de nuestro amor.
En esta ocasión oramos por los hijos que son niños. Pedimos que el Señor los guarde en su infancia, los proteja y cuide sus corazones. También pedimos que la fe que ha sido sembrada en ellos produzca fruto permanente y abundante.