Al empezar su vida pública, Jesús comienza a pedir perdón a su Padre en nombre de toda la Humanidad, y lo hace yendo a recibir el bautismo de penitencia.
La vida del Señor no tiene sentido si no está en relación con el pedir perdón. Por eso si algunos negasen la existencia del pecado no le encontrarían sentido al sacrificio que Jesús aceptó. No encontrarían sentido a toda la vida del Señor.