“Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento” (2 Corintios 4:17 NVI).
Todo ser vivo sano, crece. Una planta sana, con abono, agua y luz, crece y da fruto. Un bebé, bien alimentado, vacunado y cuidado, crece y llega a la madurez.
“Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo” (Efesios 1:5 NTV).
Hay una verdad irrefutable: Dios sigue siendo Dios sin importar el estado de tu vida. Es un poco dura esta verdad, pero en ella se refleja la majestad de Dios, que no depende de nada para ser Todopoderoso.
Estás tan cerca de Dios como tú lo decidas. Dios hizo todo de Su parte, ahora es tu turno de aceptar Su amistad. Tu vínculo con Dios se estrechará si le comunicas tus sentimientos, si confías en Él cuando le pides algo y cuando busques Su amistad más que cualquier otra cosa
“Porque, si cuando éramos enemigos de Dios fuimos reconciliados con Él mediante la muerte de su Hijo, mucho más ahora, que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida” (Romanos 5:10).
La rendición a Dios es la reacción natural ante Su amor y misericordia. La verdadera adoración se da cuando te ofreces completamente a Dios (Romanos 12:1).
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Solo la Palabra de Dios, en nuestro corazón y en nuestra mente, puede corregirnos, limpiarnos, guardamos de pecado, y facultarnos para enfrentar los desafíos de la vida.