Palacio vienés de Hofburg - Apartamentos Imperiales, Museo Sisi, Plateria de la Corte

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Palacio vienés de Hofburg - Apartamentos Imperiales, Museo Sisi, Plateria de la Corte episodes

  • 51 - Refugios
    Isabel aprende con el tiempo a imponerse en la corte y empieza una vida que corresponde a sus deseos. Empieza a hacer sólo lo que quiere y rechaza cada vez más sus compromisos de emperatriz. Francisco José e Isabel se convierten en dos extraños. Isabel se siente mágicamente atraída por el océano infinito y sueña con volar libre como una gaviota: “Soy una gaviota de ningún sitio ...” Para distraerse Isabel emprende largos viajes y busca refugios y lugares donde poder vivir libremente. Algunos de esos lugares fueron el palacio Gödöllö en Budapest, la villa Hermes en el jardin zoológico de Lainz en Viena y la villa Achilleion en la isla griega de Corfú. En esta isla mandó construir una villa en majestuoso estilo pompeyano y la bautizó con el nombre de uno de sus héroes predilectos de la mitología griega. Sin embargo, poco tiempo después la emperatriz también perdió el interés por esta villa y la puso a la venta, aunque la venta no se produjo hasta la muerte de Sisi.
    3 min
  • 52 - Titania
    Isabel, que escribe poesía desde su juventud, se refugia cada vez más en la poesía exaltada. Le gusta Homero y escribe numerosas poesías inspiradas por su gran ídolo Heinrich Heine que están marcados por su decepción, su melancolía y sus anhelos, pero también por su misantropía y su creciente soledad. Comienza a identificarse con la reina de las hadas Titania del “Sueño de una noche de verano „ de Shakespeare. Para satisfacer los deseos de su amada esposa, Francisco José manda decorar su dormitorio en la Villa Hermes en el jardin zoológico de Lainz en Viena con escenas del “Sueño de una noche de verano”. Isabel llama a esta habitación “el palacio mágico de Titania”.
    2 min
  • 53 - Viajes
    ”Lo más importante es no quedarse mucho tiempo en el mismo sitio”, escribió Isabel. El espíritu viajero de Isabel es cada vez más fuerte. Cuanto más lejos se encuentra de Viena, mejor se siente. Con la excusa de su delicada salud, la emperatriz hace cada vez viajes más largos, quiere visitar países lejanos y conocer otras culturas. Le gustan sobre todo los viajes en barco, especialmente cuando hay marea alta, ya que entonces se siente muy cerca de los elementos. La cubierta de su yate tenía un pabellón de cristal desde el que la emperatriz podía contemplar el mar en toda su extensión. Es en este lugar, cuando en días de tormenta y cuando incluso la tripulación temía por sus propias vidas, Isabel se hacía atar a una silla y decía: “Hago esto como Odiseo porque las olas me atraen.”
    2 min
  • 54 - Farmacia de viaje
    La farmacia de viaje de 63 piezas del equipaje de la emperatriz, contiene junto con numerosos sinapismos (cataplasma con polvo de mostaza), vendas de gasa, cremas y frasquitos, también inyecciones de cocaína. Los opiáceos entonces se utilizaban de otra forma a la actual en medicina. Ya era conocido el efecto antiespasmódico y aclarador de estados de ánimo de la cocaína, por ello se administraba por vía intravenosa para las molestias menstruales y durante la menopausia.
    1 min
  • 55 - Vagón imperial
    En sus viajes en barco Isabel era una viajera modesta, sin embargo el vagón imperial con el que se desplazaba por toda Europa se mandó construir para ella con todo lujo de detalles. Visite la reconstrucción del salón del vagón imperial y se dará cuenta de ello. El coche cama original que conservamos se encuentra hoy en el Museo Técnico de Viena.
    1 min
  • 56 - Destinos de viaje
    Isabel escribió: “los destinos son únicamente codiciables porque el viaje está de por medio. Si llegase a algún sitio y supiese que nunca más me iba a alejar de ese lugar, cualquier paraíso se convertiría para mi en un infierno”. Su desasosiego se incrementa cada vez más y la preocupación por la emperatriz melancólica de familiares y personas allegadas aumenta. En 1897 su hija María Valeria escribió en su diario: ”Es penoso que mamá sólo quiera estar sola y que sólo sepa hablar de cosas tristes” y en mayo de 1898 añadió: “... la profunda tristeza que antes envolvía a mamá de vez en cuando, no la abandona ahora nunca. Hoy ha dicho de nuevo que anhela la muerte ...”
    2 min
  • 57 - Atentado y entierro
    En septiembre de 1898 Isabel pasa unas semanas en Territet cerca de Montreux para someterse a un tratamiento. El 9 de septiembre hace una excursión a Prégny con su dama de compañía Irma Sztaray para visitar a la baronesa Rothschild. Isabel se marcha por la tarde a Ginebra donde pasa la noche para regresar a Montreux al día siguiente. Isabel se hospedó en el hotel Beau Rivage utilizando como siempre su seudónimo de condesa de Hohenembs y poder permanecer así en el anonimato, sin embargo una indiscreción es la causa de que al día siguiente un periódico de Ginebra publique que la Emperatriz de Austria se encuentra en el hotel. Esta noticia también la leyó Luigi Luccheni un anarquista italiano que había llegado a Ginebra para asesinar el príncipe de Orléans. El príncipe cambió en último momento su ruta de viaje, algo que no molestó para nada a Luccheni puesto que había encontrado una víctima mucho más importante. En la mañana del 10 de septiembre, Isabel realizó compras y pasó por su pastelería preferida. A mediodía tenía intención de subir a bordo del barco para regresar a Montreux. Precisamente cuando se dirigía al embarcadero la acechó Luccheni que se abalanzó sobre ella y le clavó una lima en el pecho. Isabel cayó al suelo, pero se levantó desconcertada y se marchó rápidamente para no perder el barco convencida de que sólo la habían empujado. Al poco de subir a bordo la emperatriz se desploma y al abrirle el corpiño se descubre una pequeña herida de puñal. El barco regresa inmediatamente y se lleva a la emperatriz herida al hotel donde fallece poco después. Cuando la noticia llegó a oídos de Francisco José sus únicas palabras fueron: “Ustedes no saben cuánto he amado a esa mujer”
    4 min
  • 58 - Sala de los Alabarderos
    Desde aquí accede a los históricos apartamentos de la pareja imperial. Primero a los de Francisco José al que se une el apartamento privado de Isabel.
    1 min
  • 59 - Sala de espera para audiencias
    El emperador Francisco José escogió para su apartamento la sección de la Cancillería Imperial en la que se encontraban, además de sus despachos de trabajo, sus dormitorios privados que ocuparía hasta su muerte en 1916. El emperador daba audiencias dos días por semana, las fechas se anunciaban en los periódicos vieneses y una vez recibida la citación personal se accedía por la suntuosa escalera imperial a esta sala en la que se esperaba hasta que se era llamado a audiencia. Las paredes están decoradas con tres pinturas monumentales de Johann Peter Krafft del año 1832 y muestran acontecimientos de la vida del emperador Francisco II/I, abuelo del emperador Francisco José.
    2 min
  • 60 - Sala de Audiencias
    Aquí recibía el emperador de pie a las personas que venian a las audiencias, y luego tomaba la palabra. Encima del pupitre se encontraba la lista de audiencias donde aparecía anotado el nombre de las personas que acudían a la audiencia y el motivo de su visita. Así había gente que simplemente quería presentarse o dar las gracias por alguna condecoración o pedir un indulto para ellos mismos o sus allegados. Como Francisco José recibía durante una mañana hasta a cien personas, las audiencias duraban por regla general apenas unos minutos. El emperador terminaba sus audiencias inclinando ligeramente la cabeza.
    2 min

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Hasta 1918, esta amplia zona palaciega en el corazón de Viena constituyó el centro político de la monarquía. Hoy, el Hofburg de Viena sigue cumpliendo la misma función para la democracia austriaca. En…