Este episodio aterriza una idea central: mentalizar no es adivinar la mente de mi hijo, sino acercarse con curiosidad, humildad y regulación a lo que podría estar sintiendo, pensando o necesitando. En apego, esa capacidad importa porque cuando un niño se siente “pensado” por su padre, aumenta la seguridad, mejora la regulación emocional y baja la necesidad de expresarse solo con conductas difíciles.
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