La Biblia no dice que no seremos tentados, sino que, a pesar de que la tentación venga, somos más que vencedores en Jesús. No obstante, el pecado no es un juego, es fuego que acaba por quemarnos si no tomamos la decisión de apartarnos, es fuego que destruye el corazón. ¿Hasta cuándo permitiremos que consuma nuestras vidas? Más bien, encendamos el fuego del Espíritu, que vivifica todo nuestro ser.