Con la rápida expansión global del coronavirus, no pocos gobiernos han encontrado en los decretos de estado emergencia o conmoción nacional la oportunidad de restringir libertades civiles y reducir competencias de control político a otros poderes públicos, como es el caso de los Parlamentos, o incluso en países federales, restringir la autonomía de gobiernos regionales y locales. La gestión de esta crisis en muchos de estos casos nos deja ver cuán frágil sigue siendo la democracia y lo extendida que puede llegar a ser la desconfianza ante la inexorable necesidad de coordinación internacional y de diálogo abierto entre políticos, médicos, gremios, empresarios y demás actores sociales. Enmarcados en esta desconfianza generalizada, podríamos afirmar que el principal síntoma de esta pandemia, que aqueja también a la democracia, ha sido el acceso a la información pública. Haz clic aqui para acceder al artículo completo.