El venture capital dejó atrás la época de la euforia. Ya no basta con levantar rondas, prometer disrupción o perseguir unicornios. Un estudio de SRS Acquiom sobre adquisiciones privadas muestra que el capital ahora mira con más disciplina la salida: quién comprará la empresa, bajo qué condiciones, con qué riesgos y con qué evidencia. Para México, eso abre una oportunidad: construir compañías comprables, rentables o casi rentables, con tecnología aplicada a problemas reales de logística, manufactura, energía, salud, ciberseguridad y servicios financieros. Menos PowerPoint, más empresas que resuelvan cuellos de botella de Norteamérica.