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⚠️ Si no has escuchado la primera parte, empieza por ahí. Esto es media historia.
Rotherhithe, sureste de Londres, 15 de febrero de 2008. La policía entra por fin en la casa de John Worboys y empieza a sacar cosas: botellines pequeños de champán, tiras de pastillas para dormir, vasos de plástico, una bolsa con casi cuatro mil libras, guantes, una linterna. Y unas libretas escritas a mano con nombres y direcciones de mujeres.
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Las libretas son lo peor. No por lo que hay escrito en ellas, sino por para qué servían.
Todo eso llevaba siete meses dentro de esa casa, desde que otros agentes llamaron a esa misma puerta, no encontraron a nadie y decidieron que registrarla sería "redundante".
Pero esta segunda parte no va de él.
Va de lo que pasó el 4 de enero de 2018, cuando un puñado de mujeres de Londres se enteró por la televisión de que el hombre que las drogó iba a salir de la cárcel. Nadie las había llamado. Un organismo del Estado lo había decidido nueve días antes, en una sala sin público, y la ley le prohibía explicar por qué.
Va de una guía interna que la policía tenía escrita desde 2002 y que no había leído nadie. De un informe psiquiátrico que concluyó que a una de aquellas mujeres le hizo más daño la comisaría que la agresión. De un perito al que le pidieron repartir la culpa y respondió: a partes iguales.
Y va, sobre todo, de dos víctimas que decidieron que ya estaba bien, pidieron dinero en internet para pagarse un abogado y llevaron a los tribunales al Estado que les había fallado.
Ganaron. Y cambiaron la ley de su país.
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