Dos mulos caminaban por un terreno con cargas sobre sus espaldas. Uno, que trabajaba para un humilde molinero, cargaba avena. El otro, que servía al rey del lugar, cargaba monedas de plata. Paseábase muy orgulloso y altivo el segundo de los mulos con su carga, haciendo sonar al paso su gran cencerro de oro.