Muchos creyentes no fueron llenos del Espíritu Santo en el momento que hicieron la oración de conversión, por eso siguen en las mismas condiciones y en las redes del pecado. El problema no está en que crucifiques la carne para buscar moral, conocimiento, autoridad o poder, el punto es entender por revelación que al crucificar tu carne, tus deseos, tus pasiones, sabes que eres del Señor. Cuando sabes que eres de Dios, Él te está empezando a dar una identidad.