“Muchas personas hoy día consideran que su vida espiritual es buena, partiendo simplemente del hecho de la forma en la cual practican su religión o la conciencia que tienen respecto a su moralidad y civismo; sin embargo para poder evaluar nuestra vida espiritual necesitamos entender que más allá de lo que hacemos o sentimos, el nivel de relación que tenemos con Dios es determinante, ya que sólo de esa forma es que podemos llegar a ser lo que Dios quiere que seamos”