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En 1 Juan 5:18 y 19, Juan dos veces afirma que “sabemos”. Sin embargo, Juan no está preocupado solo por el conocimiento.
¿Qué desafío indirecto contienen los versículos 18 y 19?
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En el versículo 18, aparece la frase ha nacido de Dios y su equivalente, engendrado por Dios. La primera frase se refiere a todo creyente verdadero, mientras que la segunda frase se refiere a Jesús. En el griego, hay una diferencia en los tiempos verbales, que puede ser muy importante. Todo aquel que es nacido de Dios aparece en el tiempo perfecto y puede describir el efecto duradero de la regeneración. La segunda frase se encuentra en un tiempo que se refiere solo a un evento específico en el pasado. La segunda frase describe la encarnación de Jesús. La primera frase se refiere a la experiencia de los seres humanos que nacieron de nuevo (Juan 3:3, 5; 1 Juan 3:9). El uso del mismo término para Jesús puede señalar el hecho de que Jesús ha llegado a estar tan cerca de nosotros, hasta llegar a ser uno de nosotros.
¿Qué consuelo contienen estos versículos? 1 Juan 5:18, 19.
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Ambos versículos mencionan al maligno (también se lo menciona en 1 Juan 2:13, 14; 3:12). Describe a Satanás. Juan también lo llama el diablo (1 Juan 3:8, 10). Según Apocalipsis 12:9, él es la serpiente antigua, el diablo. Primera de Juan 5:18 y 19 proporciona un breve vistazo al gran conflicto entre Cristo y Satanás. Esta controversia está revelada en el libro del Apocalipsis, especialmente en el capítulo 12. Sin embargo, los diferentes bandos ya están señalados en 1 Juan.
En los versículos 18 y 19, Juan se refiere al mundo como el terreno del maligno. Del otro lado del conflicto, los discípulos de Jesús se encuentran junto a Dios el Padre y a Jesús. Jesús los cuida y no permite que Satanás los toque. Por lo tanto, ellos son capaces de decir no al pecado y resistir las tentaciones.
El versículo 19 afirma que somos de Dios. Podemos tener confianza porque tenemos una relación directa e íntima con Dios y estamos separados del mundo.
¿De qué modo experimentas la realidad del gran conflicto en tu propia vida? ¿Cómo puedes hacer que estas promesas de victoria y protección sean tuyas? Es decir, ¿qué estás haciendo que podría hacer imposible que aquellas promesas se cumplan para ti ahora? Al mismo tiempo, ¿qué esperanza puedes obtener del hecho de que Jesús ya ha ganado la guerra contra Satanás por nosotros, y nos ofrece su victoria?
Lee 1 Juan 5:14 y 15. ¿Qué promesa tenemos aquí? Pero más importante, ¿qué debería significar para nosotros?
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Podemos ir a Dios con todos nuestros gozos, cargas y pedidos. Podemos decirle que necesitamos dinero. Podemos decirle que tenemos problemas con nuestros hijos y necesitamos su intervención. Podemos decirle que estamos seriamente enfermos y necesitamos curación. ¿Sabemos que él nos enviará un cheque, enderezará a nuestros hijos o nos sanará de una cruel enfermedad? No necesariamente. Cuando Jesús oró en Getsemaní, él añadió a su oración: “Hágase tu voluntad” (Mat. 26:42); y Dios no lo libró de la cruz.
Sin embargo, si confesamos nuestros pecados y pedimos el perdón, Dios no nos pone en una lista de espera; más bien, podemos tener confianza en que, al terminar nuestra oración, el perdón ya ha llegado a ser una realidad. Si le pido que me haga su hijo porque acepto a Jesús como Salvador y Señor, Dios responderá esa oración de inmediato. Siempre que la voluntad de Dios esté revelada en las Escrituras –sea en un mandato o en una promesa– y reclamamos esa expresión de su voluntad, sabemos que la oración es respondida. En casos en los que no estamos seguros de cómo Dios nos guiará, deberíamos añadir “Hágase tu voluntad” a nuestras oraciones y, con confianza, creer que el Señor hará lo que es mejor.
No es fácil comprender 1 Juan 5:16 y 17. Los eruditos están divididos acerca de lo que significan estos textos (algunos dicen que es el pecado contra el Espíritu Santo). Sin embargo, sí sabemos que todo pecado es una injusticia y que no puede ser justificado ni tolerado. Pero ¿cuál es la distinción de los pecados que ha hecho Juan en estos versículos? Esto no es fácil de contestar. Sea lo que fuere lo que Juan está queriendo enseñar, podemos estar seguros de que él no está minimizando la seriedad del pecado.
A todos nos ha pasado que hemos hecho oraciones que no fueron respondidas de ninguna manera. Un ser amado fallece a pesar de las oraciones. Un trabajo se pierde a pesar de las oraciones. Y así podríamos seguir. En algunos casos, más tarde podemos ver cómo las cosas resultaron mejores cuando la oración no fue contestada como hubiéramos querido. En otros, todo lo que vemos es frustración, dolor de corazón y tristeza. ¿De qué modo debemos tratar con estas últimas situaciones? ¿Cómo debemos seguir viviendo por fe y confiar en Dios cuando las oraciones aparentemente no contestadas nos dejan llenos de dolor, chasco y, sí, aun dudas?
Lee 1 Juan 5:13. ¿De qué podemos estar seguros, de acuerdo con este texto?
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El versículo 13 proporciona una razón importante para que Juan escribiera esta carta. Él quería que sus oyentes tuvieran la seguridad de la salvación. Sus oyentes y sus lectores debían saber que ya tienen vida eterna. La vida eterna es una realidad actual. Juan hace una afirmación similar al final de su Evangelio (Juan 20:30, 31).
Primera de Juan 5:13 sobrepasa a los demás textos del Nuevo Testamento que tratan acerca de la vida eterna. Ellos mencionan una condición y contienen una promesa (p. ej., Juan 3:36), pero 1 Juan 5:13 afirma que los hijos de Dios deben saber que tienen vida eterna. No es una opción, algo que pueda ser añadido a la vida cristiana, o que pueda ser dejado fuera de ella. Dios quiere que tengamos la seguridad de la salvación. Moisés (Éxo. 32:32), Pedro (1 Ped. 5:1), Pablo (2 Tim. 4:7, 8), los cristianos de Éfeso (Efe. 2:8) y los creyentes de Colosas (Col. 1:12-14) tenían esta certeza.
¿De qué manera podemos, sin embargo, estar protegidos para no tomar esta seguridad y transformarla en presunción? Ver Mat. 10:22; 1 Cor. 9:27; Apoc. 3:11.
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Algunas personas han tomado esta “confianza” en la salvación y la transformaron en una “garantía incondicional”, la idea de que “una vez salvo, siempre salvo”. Si esto fuera cierto, ¿qué nos detendría de olvidarnos completamente de Dios y vivir una vida inmoral y sin ética, la que de acuerdo con la Biblia nos impediría entrar en el cielo (Gál. 5:21; Apoc. 21:8)? Después de todo, ya es difícil mantenernos puros, aun sabiendo que podemos apartarnos de Dios. ¡Imagínate cómo sería si pensáramos que no importa nada la manera en que vivimos!
La Biblia enseña que hay seguridad de salvación, pero esta certeza se puede perder por nuestras propias elecciones. Necesitamos aferrarnos a la corona de la vida manteniéndonos rendidos cada día al Señor en obediencia, en arrepentimiento y fe. Siempre debemos velar y orar, porque Satanás está buscando a quién devorar (1 Ped. 5:8). Y si sus víctimas no somos nosotros, ¿a quién buscaría?
Mírate bien de cerca (sabemos que es doloroso). ¿Estás luchando con la seguridad de tu salvación? Si es así, ¿no será por causa de las cosas que estás haciendo? Si es así, entonces primero debes reclamar el perdón que ya ganó Cristo para ti, y luego reclamar el poder para vencer que él te promete. ¿Qué te retiene sino tus propias elecciones?
En 1 Juan 5:14 está la palabra confianza, que también significa seguridad, valentía o, en otros contextos, denuedo (Hech. 4:29, 31) y claridad (Juan 16:25, 29).
De acuerdo con Hebreos 4:16 y 10:19, los cristianos pueden acercarse al Trono de Dios con confianza. ¿Por qué? Primero, porque Jesús derramó su sangre por ellos en la cruz. Y segundo, porque Jesús ha ascendido al cielo para servir allí como Sumo Sacerdote en favor de ellos.
Juan usa el mismo término en 1 Juan 4:17 al hablar de “confianza” en el día del Juicio. Los cristianos no tienen temor del Juicio. Ellos dependen de lo que Jesús ha hecho por ellos. Su confianza no está en ellos mismos, o en lo que ellos hicieron o pudieran hacer alguna vez. Esta confianza descansa, en cambio, totalmente en Jesús.
Otra manera en que Juan expresa esta idea de confianza es por el uso repetido de la frase “sabemos”, al final de 1 Juan. Mientras esta frase se encuentra a lo largo de la carta solo dos veces (1 Juan 3:2, 14), aparece cinco veces en la conclusión de la epístola, y adicionalmente enfatiza el tema de la “confianza”.
De acuerdo con los siguientes textos, ¿en qué podemos tener confianza?
1 Juan 5:13 ___________________________________________________
1 Juan 5:15 ___________________________________________________
1 Juan 5:18 ___________________________________________________
1 Juan 5:19 ___________________________________________________
1 Juan 5:20 ___________________________________________________
En 1 Juan 5:13, el apóstol dice para que sepáis y habla acerca de la certeza de la salvación. Desde 1 Juan 5:15 en adelante, él usa sabemos. En 1 Juan 5:15, él enfatiza que nuestras oraciones son escuchadas. Podemos tener confianza. En 1 Juan 5:18, sabemos es seguida por la promesa de la protección divina. En 1 Juan 5:19, el mismo verbo sabemos introduce el maravilloso concepto de pertenecer a Dios, y en 1 Juan 5:20 enfatiza que sabemos que Jesús ha venido y, por lo tanto, por medio de Jesús, conocemos a Dios y estamos en él. Por ello, los cristianos tienen confianza con respecto a su relación con Dios, su vida de oración, su situación presente y su destino eterno.
¿Cuántas veces te has chasqueado contigo mismo en el último mes, la última semana o el último día? Podríamos decir: “Guarda un registro de esos chascos”, pero eso podría ser demasiado desanimador. ¿De qué manera la realidad de tus propias debilidades te hace sentir la necesidad de asegurarte que tu confianza se apoye en Jesús y no en ti mismo?
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Juan 3:36; Hechos 4:29; 1 Corintios 9:27; Hebreos 4:16; 1 Juan 5:13-21; Apocalipsis 12:9.
PARA MEMORIZAR:
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14).
BENJAMÍN FRANKLIN DIJO EN CIERTA OCASIÓN que hay solo dos cosas seguras en esta vida: la muerte y los impuestos. Hay una tercera cosa que es segura también: ¡La vida está llena de inseguridad!
No sabemos cuán seguro es nuestro empleo. Nada garantiza que estemos protegidos de enfermedades, de terrorismo, de guerras y de desastres naturales. No tenemos garantía de que cuando nos vamos a la cama nos despertaremos al día siguiente.
Afrontando esto, hacemos lo mejor que podemos para protegernos de estas dificultades; no obstante, al fin, nuestros mejores esfuerzos no nos pueden garantizar nada.
Pero ¿qué diremos acerca de Dios? ¿Y de las promesas de Dios para nosotros? ¿No son ellas seguras? ¿Cómo podemos vivir sin confianza y seguridad en lo que respecta a Dios? Nuestra relación con Dios y el vivir con él para siempre son más importantes que cualquier otra cosa. ¿Qué tiene Juan para decirnos acerca de esto, que es lo más importante en nuestras vidas?
UN VISTAZO A LA SEMANA:
¿En qué podemos tener confianza? ¿Qué hacer para no transformar nuestra confianza en presunción? ¿Qué confianza podemos tener de que nuestras oraciones puedan ser respondidas? ¿Qué protección contra Satanás se nos ofrece? ¿Cómo podemos llegar al conocimiento de Dios?
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Mateo 16:13 al 17 y Juan 12:37 al 46.
“‘En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres’ (Juan 1:4). No se especifica aquí la vida física, sino la inmortalidad, la vida que es exclusivamente la propiedad de Dios. El Verbo, que estaba con Dios y que era Dios, tenía esta vida. La vida física es algo que recibe cada individuo. No es eterna ni inmortal, pues la toma de nuevo Dios, el Dador de la vida. El hombre no tiene dominio sobre su vida. Pero la vida de Cristo no era prestada. Nadie podía quitársela. ‘Yo de mí mismo la pongo’ (Juan 10:18), dijo él. En él estaba la vida, original, no prestada, no derivada. Esa vida no es inherente en el hombre. Puede poseerla solamente mediante Cristo. No puede ganarla; le es dada como un don gratuito si cree en Cristo como su Salvador personal. ‘Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado’ (Juan 17:3). Esta es la fuente de vida abierta para el mundo” (MS 1:348, 349).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. En la clase, repasen las respuestas que dieron a la pregunta final del martes. ¿De qué modo puedes obtener fuerzas y ánimo de las respuestas que da cada uno?
2. Juan habla acerca de los testigos que se nos han dado con respecto a Jesús. ¿Qué diremos de los testimonios que nosotros mismos presentamos al mundo? Si alguien hubiera visto cada aspecto de tu vida durante las últimas 24 horas, ¿qué clase de testimonio le habrías presentado? Si hubieses sabido que alguien te estaría mirando, ¿qué habrías hecho en forma diferente? Después de dar tu respuesta, pregúntate: ¿Por qué lo hubiera hecho en forma diferente? También, ¿no sabes que Alguien te mira, de todos modos?
3. Muy bien, tienes la promesa de la vida eterna. Pero ¿qué significa eso? ¿Cómo debiera impactar en la forma en que vives aquí y ahora? ¿Qué haces en forma diferente ahora, sabiendo que tienes esta promesa?
4. Repasa la cita de Elena de White que se presentó más arriba. ¿Qué se destaca en forma especial para ti, y te habla en forma especial? ¿Qué esperanza y ánimo puedes obtener de ella?
5. Con tanto en juego, la vida eterna o la destrucción eterna, ¿por qué todavía es tan fácil encontrarnos enredados en las cosas del mundo, cosas que sabemos que no pueden satisfacernos y que no pueden durar ni darnos vida eterna? ¿Cuál es el secreto de ser capaces de romper las ataduras del mundo sobre nosotros? ¿Cómo puedes ayudar a alguien que realmente quiere ser cristiano, que quiere estas promesas para sí mismo y, sin embargo, parece no poder romper con el mundo?
Dios ha provisto un don maravilloso a la humanidad. Este don es la vida eterna (1 Juan 5:11, 12). Sin embargo, está disponible solamente en Jesucristo. ¿Cómo podemos recibir este don? Aceptando el testimonio de Dios acerca de su Hijo; es decir, por creer en Jesús y por aceptarlo.
¿Qué enseña el apóstol Juan, en su Evangelio, acerca de la vida eterna?
Juan 3:16 ___________________________________________________
Juan 3:36 ___________________________________________________
Juan 5:24 ___________________________________________________
Juan 6:54 ___________________________________________________
El análisis que hace Juan sobre la fe en Jesús, y quién es Jesús y por qué podemos aceptar el testimonio de Dios no es un ejercicio académico. Tiene una clara meta práctica; es decir, encontrar la vida eterna en el Hijo de Dios. Los adversarios de Juan –que cuestionaban la verdadera divinidad de Cristo, o que ponían en duda la verdadera humanidad de Cristo o que querían separar lo divino de lo humano– tenían un concepto diferente de Jesús y no creían en él en el sentido bíblico. Por cuanto ellos no tenían al Jesús de las Escrituras, no tenían vida eterna. Aun si hubieran alegado tener vida eterna, aun si hubieran tenido un conocimiento superior y un buen sentimiento acerca de poseer la vida eterna, sus pretensiones no serían verdaderas.
La vida eterna solo es posible por medio de Jesucristo. ¿Cuáles son las implicaciones de esta afirmación? 1 Juan 5:11, 12.
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Juan afirma claramente que los que no tienen al Hijo de Dios no tienen la vida, mientras que los que tienen a Jesús tienen vida eterna. Estas son palabras muy fuertes, llenas de tremendas implicaciones increíbles para toda la raza humana. No es extraño que los problemas de la salvación sean tan importantes. Ellos son, literalmente, una cuestión no solo de vida y muerte, sino de vida eterna y de muerte eterna. Esto es lo más serio que puede haber.
¿Qué diremos de personas que nunca tuvieron la oportunidad de escuchar el evangelio presentado de una manera clara? ¿Están todos ellos automáticamente perdidos? Al pensar en tu respuesta, no te olvides de tomar en cuenta el amor universal de Dios por toda la humanidad. ¿Cómo puedes aprender a confiar mejor en el Señor acerca de esta pregunta tan difícil?
En algunas versiones de la Biblia aparecen estas palabras formando parte de estos textos: “[...] en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”. “Y tres son los que dan testimonio en la tierra” (1 Juan 5:7, 8). El único problema es que estas palabras son una adición posterior, que no se encuentra en los manuscritos más antiguos que tenemos.
Entre los eruditos bíblicos hay acuerdo con respecto a que esta declaración no es genuina y que ha sido añadida, probablemente para apoyar la doctrina de la Trinidad. Por supuesto, los textos bíblicos nunca deberían ser alterados ni cambiados, por muchas razones (Apoc. 22:18); una de las más importantes es que la gente podría comenzar a tener dudas acerca de la confiabilidad de las Escrituras como un todo, y comenzar a desconfiar de la Palabra de Dios.
El hecho es que, aun sin estas palabras, la doctrina de la Trinidad está firmemente establecida en los escritos juaninos. Aunque los autores del Nuevo Testamento creen que Dios es uno, ellos presentan a Jesús y al Espíritu Santo como Dios. El concepto de la Trinidad es vital para conciliar la unicidad de Dios con la divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Juan tiene afirmaciones muy sólidas acerca de la divinidad de Jesús. ¿Qué se enseña acerca de Jesucristo en los textos siguientes?
Juan 1:1-3, 14 _________________________________________________
Juan 8:58, 59 _________________________________________________
Juan 10:30, 31 ________________________________________________
Juan 20:28 ___________________________________________________
1 Juan 2:23 ___________________________________________________
1 Juan 5:20 ___________________________________________________
Aunque no hay dudas acerca de la divinidad de Jesús tal como la establecen estos textos (y muchos otros), el pasaje que estamos estudiando esta semana no trata de establecer la doctrina de la Trinidad. Ese no era el punto en discusión. En cambio, este es un pasaje acerca de la fe en Jesús como el Hijo de Dios y el testimonio dado al mundo acerca de él.
Recordando la divinidad de Jesús, vuelve atrás, a las escenas finales de su vida, hasta la cruz. Al hacerlo, recuerda que esta Persona era también el Dios Creador. Medita en las implicaciones de estas verdades. ¿Por qué esta realidad debería cambiar nuestras vidas?
El primer y el segundo testigos de la cualidad divina de Jesús como el Hijo son el agua y la sangre. El tercer testimonio es el Espíritu Santo (1 Juan 5:6, 8). De acuerdo con el Evangelio de Juan, Jesús había anunciado que el Espíritu Santo testificaría acerca de él (Juan 15:26).
¿Por qué se necesitan estos testigos? Dos o tres testigos se requerían en el Antiguo Testamento para confirmar un asunto (Deut. 19:15). Juan, aparentemente, quiere que quede claro que el caso de Jesús tiene un fundamento sólido. Él quiere mostrar que tenemos buenas razones para creer.
¿Qué nos está indicando Juan en 1 Juan 5:9 y 10? ¿Qué quiere que creamos?
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Para Juan, la idea de testigos o de diversos testimonios acerca de Jesús es muy importante. En su Evangelio, él menciona varios otros: el testimonio de Juan el Bautista (Juan 1:6, 7), el testimonio de Jesús mismo (Juan 3:32), el testimonio de la mujer samaritana (Juan 4:39), el testimonio de las obras de Jesús (Juan 5:36), el testimonio de las Escrituras (vers. 39), el testimonio de Dios el Padre (Juan 8:18), el testimonio de la gente que observó la resurrección de Lázaro (Juan 12:17), el testimonio del Espíritu Santo (Juan 15:26) y el testimonio del apóstol Juan mismo (Juan 21:24). Esto es un respaldo impresionante. Juan quiere establecer que la creencia en Jesús descansa sobre testimonios poderosos.
El testimonio del Padre, en nuestro texto, ha sido comprendido en formas diferentes. Parece tener más sentido si lo conectamos con el triple testimonio mencionado en los versículos precedentes. Es decir, este testimonio triple es, básicamente, el testimonio de Dios.
Juan dice que, si estamos dispuestos a aceptar el testimonio de los seres humanos, ¿cuánto más deberíamos estar dispuestos a aceptar el testimonio de Dios mismo? De hecho, a menudo aceptamos lo que nos dice la gente, ya sea por escrito o por la televisión, aun si no tenemos una buena base para creer lo que escuchamos. ¿Cuánto más deberíamos aceptar el testimonio de Dios mismo y creer en Jesús como lo describe el Nuevo Testamento?
Dios es confiable y verdadero (1 Juan 5:20). Si no aceptamos el testimonio de Dios, afirmamos que Dios es mentiroso, una acusación realmente seria.
¿Cuáles son todas las razones que tienes para creer en Dios, en Jesús, en la esperanza que el mensaje adventista nos presenta? Repasa esas razones, anótalas, ora sobre ellas y tráelas a la clase para compartirlas con otros.
Después de haber señalado la importancia de tener fe en Jesús como el Mesías e Hijo de Dios, Juan sigue mostrando a sus oyentes quién fue este Hijo de Dios, y una de las cosas que dice acerca de Jesús es que él vino “mediante agua y sangre” (1 Juan 5:6).
¿Qué significa esto?
En 1 Juan, el agua se menciona solo en estos versículos para hoy. Sin embargo, aparece con bastante frecuencia en el Evangelio de Juan y también en el Apocalipsis. El agua que Juan menciona en 1 Juan 5:6 y 8 debe estar –de acuerdo con el pasaje– relacionada con Jesús en su primera venida, y debe ser uno de los tres elementos que testifican que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios.
La frase “agua y sangre” se usa, en Juan 19:34, en conexión con la muerte de Jesús, pero no parece ser el agua que Juan menciona en 1 Juan 5:6 al 8. Más bien, en el comienzo del Evangelio de Juan, el agua se asocia con el bautismo (Juan 1:26, 31, 33; 3:5, 23). Este parece ser el ambiente para 1 Juan. Jesús vino como el Señor encarnado y comenzó su ministerio público al ser bautizado con agua. Terminó su ministerio terrenal sobre la cruz, cuando derramó su sangre. Aparentemente, el agua apunta al bautismo de Jesús y la sangre a su muerte en la cruz (1 Juan 1:7).
El bautismo y la crucifixión, entonces, señalan quién era Jesús y qué debía lograr para nosotros. En ambos casos, las manifestaciones divinas y las reacciones humanas mostraron que, de hecho, él era el Hijo de Dios (Mat. 3:17; 27:50-54).
En estos versículos, Juan todavía está tratando con las falsas enseñanzas de los anticristos. Estos conceptos estaban impactando las mentes de los creyentes. Si Jesús no fue el Mesías ni el Hijo de Dios, el mensaje de los falsos maestros sería: La muerte expiatoria del Hijo de Dios no es necesaria para nuestra salvación. El Hijo de Dios no murió en la cruz en lugar de nosotros a fin de redimirnos. Tal concepto llevaría a una comprensión completamente diferente de la salvación y de la Deidad. La redención se obtendría por medio del conocimiento (gnosis), no por medio de la Cruz. Por eso, Juan quería que la gente supiera exactamente quién fue Jesús y qué había hecho por ella mediante su vida y su muerte. Él no quería que las personas fueran engañadas por estas falsas enseñanzas.
Agua y sangre. Piensa en estas dos imágenes, y cómo se aplican a Jesús. ¿De qué modos hemos de experimentar la realidad del agua y la sangre en nuestras propias vidas? En otras palabras, ¿qué significó para ti tu bautismo? ¿Qué te dice acerca de ti, y qué cambios se produjeron en tu vida? Lo mismo con la sangre: ¿Qué significa el concepto del derramamiento de la sangre, por lo menos, en términos de ser un cristiano? Ver Mat. 16:24, 25; Heb. 12:4.
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