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“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Juan 5:1).
Después de haber estudiado la enseñanza de Juan acerca del amor fraternal, nos volvemos ahora al tema de la fe en Jesús como el Cristo/Mesías, el Hijo de Dios. De hecho, los dos temas, creencia y amor, se superponen en los primeros versículos del capítulo 5.
Juan quiere que sus oyentes crean en Jesús como el Cristo. Los que lo hacen, dice, son nacidos de Dios. Aman a Dios, se aman unos a otros y guardan los mandamientos. Los que creen en Jesús como el Hijo de Dios también vencen al mundo (1 Juan 5:1-5).
A lo largo de la historia, algunas personas han entendido la batalla que tienen que pelear los cristianos para vencer al mundo como alguna clase de conflicto militar literal. No obstante, eso está equivocado. En ninguna parte de las Escrituras se llama a los cristianos a salir como cruzados y obligar a otros a convertirse. En ninguna parte del Nuevo Testamento se iguala a una nación con el Reino de Dios y, como tal, que deba ser defendida o expandida por medio de la violencia. La batalla que tienen que pelear los cristianos es una batalla espiritual. En los escritos del apóstol Juan, la forma de vencer no es por el uso de la violencia y la fuerza física. La forma de vencer es por la fe, y la fe se muestra por la clase de vida que la persona vive.
En los siguientes textos, Juan está hablando acerca de conquistar y vencer. ¿Qué podemos aprender acerca de estas promesas por medio de los siguientes textos?
Juan 16:33 ____________________________________________________
1 Juan 4:4 ____________________________________________________
Apoc. 2:7, 11; 3:5, 21 ___________________________________________
Apoc. 12:11 ___________________________________________________
El conquistador por excelencia es Cristo Jesús. Por cuanto él ha ganado la victoria, sus seguidores también son capaces de vencer. Hasta cierto punto, ellos ya tienen la victoria, la victoria de él en favor de ellos. Los vencedores reciben promesas maravillosas de Dios: que ya no tenemos que ser esclavos del pecado (Rom. 6:1-6), sino que en Jesús, y por la vida nueva que tenemos en él, servimos al Señor, y no a Satanás, nuestro amo anterior.
¿En qué áreas de tu vida has experimentado la promesa de victoria y de vencer? ¿En qué áreas no has vencido, y por qué? ¿Cómo puedes tener la victoria que se te promete? ¿Qué te está reteniendo para no lograrla?
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Romanos 8:12 al 17; Filipenses 2:14 al 16.
“Nadie se engañe a sí mismo creyendo que puede volverse santo mientras viole premeditadamente uno de los preceptos divinos. Un pecado cometido deliberadamente acalla la voz atestiguadora del Espíritu y separa al alma de Dios. ‘El pecado es transgresión de la ley’. Y ‘todo aquel que peca [transgrede la ley], no le ha visto, ni le ha conocido’ (1 Juan 3:6). Aunque San Juan habla mucho del amor en sus epístolas, no vacila en poner de manifiesto el verdadero carácter de esa clase de personas que pretenden ser santificadas y seguir transgrediendo la Ley de Dios. [...] Y la aserción de estar sin pecado constituye de por sí una prueba de que el que tal asevera dista mucho de ser santo” (CS 526).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué significa, en términos prácticos, ser “semejantes a Dios”? ¿De qué maneras podemos ser “semejantes a Dios” de un modo positivo, y de un modo negativo?
2. Algunas personas tienen temor de la idea de que son salvados solo por lo que Jesús hizo por nosotros. Dicen ellos: si nuestra salvación descansa en la justicia de Cristo y no en nuestra propia justicia, ¿qué ha de impedirnos continuar pecando? ¿Cómo responderías a esta preocupación?
3. Alguien, en cierta ocasión explicó su comprensión de la Cruz de esta manera: “Yo no uso la Cruz como una excusa por el pecado o algo para taparlo. Lo que la Cruz hace por mí es impedirme que renuncie a Dios cuando peco”. Analiza el razonamiento que hay detrás de este pensamiento.
4. Es virtualmente imposible no ser impactado por lo que sucede en la sociedad y la cultura en la que vives. En tu sociedad específica, ¿qué pecados se consideran realmente malos, que tal vez en otra cultura pueden no ser considerados tan malos, o no malos de ninguna manera? ¿Cuánto debemos permitir que la sociedad influya sobre nuestra comprensión de lo que es el pecado? ¿Qué pecados, que tu sociedad no considera malos, en la Biblia se condenan explícitamente?
5. Todos sabemos las promesas que se nos dan para obtener la victoria sobre el pecado. Al mismo tiempo, ¿bajo qué condiciones, si las hay, debería alguien que está luchando con un pecado, tal vez alguna clase de adicción, buscar ayuda y consejo profesional? ¿Qué le dices a la persona que piensa que los que buscan ayuda profesional están mostrando falta de fe en el poder de Dios?
¿Cómo se pueden conciliar 1 Juan 3:6, 8 y 9 con 1 Juan 1:6 al 2:1 y 2? ______________________________________________________________ En 1 Juan 3:6 y 9 se encuentran afirmaciones fuertes y que dejan perplejas a las personas, declarando que ninguno peca si vive en Jesús y si ha nacido de Dios. Esto suena muy absoluto. Los cristianos han luchado con estas declaraciones y han tratado de encontrar explicaciones. Después de todo, ¿qué verdadero cristiano no ha luchado con la realidad del pecado en su vida? Lo que –de cualquier modo– podemos suponer con seguridad es que el apóstol Juan no se contradice a sí mismo. En el capítulo 1 dice que la gente que pretende estar sin pecado se engaña a sí misma. En el capítulo 2 señala nuestra meta, que es no pecar, pero añade que, si lo hacemos, entonces tenemos un abogado ante el Padre, a Jesucristo. Los pasajes que estamos considerando deben ser comprendidos a la luz del análisis previo sobre el tema del pecado: los cristianos se mantienen lejos del pecado; pero, si pecan, confiesan sus malas acciones y aceptan el perdón divino. Los expositores han planteado diferentes intentos de resolver estos textos difíciles. Mencionaremos brevemente dos: 1. Juan describe el ideal en 1 Juan 3:6, 8 y 9, lo que también menciona en 1 Juan 2:1. La diferencia es que en 1 Juan 3 no agrega ningún calificativo. Una razón puede ser que Juan quiere que a sus oyentes y sus lectores les quede claro el problema del pecado. El pecado no puede ser tomado livianamente. Los seguidores de Cristo no pueden jugar con el pecado. 2. Los verbos pecar y hacer (pecado) se encuentran en tiempo presente, que a menudo señala una acción que continúa. El significado sería que los discípulos de Cristo no pueden pecar continuamente. Pueden caer en pecado aquí o allá, pero se han separado del pecado y no practican una vida de pecado. No están dominados por el pecado. La versión Reina-Valera Revisada de 1960 (al igual que otras versiones) sigue este concepto al traducir practicar el pecado, en los versículos 8 y 9. No importa qué interpretación se acepte, el capítulo 3 debe entenderse a la luz de los capítulos 1 y 2. Aunque el pecado es real, los cristianos no tienen otra alternativa que eliminar el pecado de sus vidas, no importa el costo. Bueno, tú eres un pecador. Nadie discutirá esto. La pregunta es: ¿cuánta sangre, sudor y lágrimas gastas en la batalla contra el pecado en tu vida? ¿De qué maneras tu respuesta ayuda a explicar tu estilo de vida?
¿Qué nos enseñan los siguientes textos acerca de Jesús y de lo que ocurrió en su primera venida? 1 Juan 1:2: 3:5, 8. ______________________________________________________________ ______________________________________________________________ Jesús, en su primera venida, apareció en carne humana. Vino para resolver el problema del pecado, y vino para destruir las obras del diablo. Si es así, entonces los creyentes no pueden tener nada que ver con el pecado o con el que originó el pecado, el diablo. Al hacer causa común con el pecado, estamos haciendo causa común con Satanás, y estamos rechazando a Jesús. De acuerdo con 1 Juan 3:5, Jesús quita los pecados. Esta afirmación parece ser una alusión a Juan 1:29. ¿De qué modo Jesús logró realizar esta tarea? Heb. 9:26, 28; 1 Juan 2:2; 4:10; Apoc. 1:5, 6. ______________________________________________________________ ______________________________________________________________ En 1 Juan 3:5, no se nos dice directamente cómo Jesús quitó los pecados. Sin embargo, el contexto de 1 Juan y del Evangelio de Juan aclara muy bien que Jesús lo hizo al morir en la cruz. Mientras Hebreos dice claramente que Jesús quitó los pecados por su sacrificio propio, Apocalipsis nos enseña que Jesús nos liberó de nuestros pecados por su sangre. Mientras la primera parte de 1 Juan 3:5 puede señalar indirectamente a la Cruz, la segunda parte enfatiza la absoluta ausencia de pecado en Jesús, lo que era necesario para que su muerte en la cruz pudiera salvarnos. Los anticristos de 1 Juan pudieron no haber comprendido plenamente el verdadero valor de la Cruz y de la muerte sustitutiva en nuestro lugar. Cuán necio es esto, pues la muerte de Cristo en nuestro favor, en la cual él sufrió la penalidad por todos nuestros pecados, forma el fundamento del plan de salvación. La muerte de Cristo fue la única forma posible para que los seres humanos se salvaran y tuvieran la promesa de la vida eterna. Dejar de ver esto es no ver el centro de todo el evangelio. En tus propias luchas con el pecado, la culpa, el temor y la falta de certeza, ¿cómo responde la Cruz a todos estos desafíos que enfrentas? ¿Cómo puedes aprovechar mejor la esperanza y las promesas que tenemos mediante Jesús, no solo del perdón sino también del poder para vencer?
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