
Sign up to save your podcasts
Or


Lee Números 8:6 al 26, que describe la dedicación de los levitas para su obra especial en el servicio de Dios. ¿Qué te impresionó más con respecto a esta consagración? ¿Qué nos enseña esto acerca de la santidad, acerca del pecado, acerca de la purificación y acerca de la consagración a Dios? ¿Qué principios puedes obtener de esto para tu vida hoy, sin tomar en cuenta el lugar que ocupas en el servicio de Dios?
______________________________________________________________
______________________________________________________________
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Las familias de las tres divisiones de los levitas estaban acampadas alrededor del Santuario. Por cuanto eran más de veinte mil (Núm. 3:39), es obvio que algunas partes de su dedicación fueron hechas por medio de una representación simbólica. Es decir, solo algunos de ellos, como representantes, en vez de que fueran todos los levitas, estuvieron involucrados en forma directa e inmediata.
Lo fascinante aquí, también, es la idea de que los levitas, después de que fueron limpiados y rasurados en todo el cuerpo, y después de que ofrecieron una ofrenda por el pecado (Núm. 8:7, 8), ellos mismos fueron llamados una “ofrenda” (vers. 11). Ciertamente esto no tenía nada que ver con un sacrificio humano. En cambio, daba la idea de dedicación, de consagración y de reconocimiento de que esos levitas tendrían una obra que hacer en favor de Israel, haciendo por ellos lo que ellos no podrían hacer por sí mismos.
Esto se ve aun mejor cuando Moisés dijo que “pondrán los hijos de Israel sus manos sobre los levitas” (vers. 10), reconociendo que estas responsabilidades habían pasado a los levitas. La tribu, como un todo, fue ofrecida como un sacrificio viviente a Dios, quien a su vez les daba como un regalo este ministerio especial en el Santuario en reemplazo de los primogénitos, a quien ellos ahora representaban.
Recordando los principios vistos en esta ceremonia, ¿cómo podemos comprender lo que Pablo dice en Romanos 12:1? ¿Cómo podemos ser un “sacrificio vivo”? ¿Qué significa eso en nuestra vida diaria?
En el Santuario del desierto, los sacrificios se centraban en el altar de los holocaustos. Construido con madera de acacia recubierto con bronce, el altar estaba dentro del atrio, cerca de la entrada al Santuario de dos departamentos. El altar de oro ante el velo del Lugar Santísimo servía solamente para quemar incienso.
Lee Números 7. ¿Qué pensamientos vienen a tu mente al leer acerca de las ofrendas dadas durante este rito solemne? ¿Qué aspectos espirituales de este informe pueden aplicarse a nosotros mismos, hoy? Por ejemplo, ¿dónde ves una representación de la Cruz aquí?
______________________________________________________________
______________________________________________________________
______________________________________________________________
El altar ya había sido consagrado durante siete días (Éxo. 29:37). Ahora los príncipes –representantes de toda la Nación– trajeron ofrendas para celebrar la dedicación del altar por un período de doce días. Cada príncipe y su tribu tenían su día especial. Todos los regalos eran iguales; tal vez era esta una manera de mostrar que, no importa quiénes somos o qué lugar ocupamos en la vida, todos estamos delante de Dios en la misma posición, la de pecadores que necesitan gracia.
“Algunos se preguntan por qué Dios deseaba tantos sacrificios y estableció la ofrenda de tantas víctimas sangrantes en el sistema judío.
“Cada víctima que moría era un símbolo de Cristo, cuya lección era impresa en la mente y el corazón de la solemnísima y sacratísima ceremonia, y era explicada claramente por los sacerdotes. Los sacrificios fueron explícitamente diseñados por Dios mismo para enseñar esta grande e importante verdad, que solo mediante la sangre de Cristo hay perdón de los pecados” (MS 1:125).
Es tan fácil enredarse con las cosas del mundo, ¿verdad? ¿Qué puedes hacer cada día para ayudar a mantener la realidad de la Cruz, y lo que fue hecho allí por ti, como lo primero y principal en tu mente?
Lunes 12 de octubre: COMUNIÓN CON DIOS
Como símbolo, el arca estaba en el centro de la adoración de los israelitas. Simbolizaba el Trono celestial de Dios: “Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines” (2 Sam. 6:2). En el Lugar Santísimo, la gloria de la shekinah, ubicada entre los querubines, representaba la presencia de Dios. Los Diez Mandamientos debajo del trono de querubines testificaba de la voluntad divina, el fundamento del pacto entre Dios y su pueblo, y la base moral para su gobierno y su dominio universales. La Ley proporcionaba a los adoradores una vislumbre del carácter de Dios, además de estipular sus requerimientos justos.
Lee Éxodo 25:22 y Números 7:89. Trata de imaginarte qué clase de experiencia debió haber sido esta. ¿Cómo te gustaría tener esa clase de encuentro cercano con Dios? ¿Qué te hace pensar que no serías destruido completamente si te acercaras demasiado a él? Ver Éxodo 20:19.
______________________________________________________________
______________________________________________________________
¿En qué sentido puedes hoy llegar más cerca de la presencia de Dios? Ver Heb. 4:14-16. ¿De qué modo Jesús hizo posible este acercamiento?
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Nota, también, cómo Moisés había entrado en el Santuario para hablar con Dios. No obstante, de acuerdo con el texto, Dios le habló a Moisés. El punto es que la mayoría de nosotros sabemos cómo orar, la mayoría sabemos cómo hablar a Dios, cómo suplicar por nuestro caso, cómo pedir esto o aquello.
Pero, la comunión no existe en una sola dirección. En la mayoría de las relaciones, cada parte se comunica con la otra. ¿Debería ser diferente entre nosotros y nuestro Hacedor? Por supuesto que no.
La pregunta para nosotros, entonces, es: ¿Cuán abiertos estamos para escuchar la voz de Dios cuando él nos está hablando?
¿Cómo han sido tus experiencias de comunión con Dios? ¿De qué modo te comunicó Dios su voluntad para ti? ¿Cuán abierto estás para escuchar su voz? ¿Qué factores, en tu vida, podrían estar impidiéndote una comunión más plena con Dios?
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Éxodo 25:22; Números 7, 8; Zacarías 4:1-6, 11-14; Apocalipsis 4:2, 5; 11:4.
PARA MEMORIZAR:
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Cor. 9:7).
NO HAY DUDAS DE QUE LOS HIJOS DE ISRAEL estuvieron separados de nuestro mundo moderno por enormes brechas en el tiempo y la cultura. El mundo de ellos fue, de muchas maneras, tan incomprensible para nosotros como el nuestro lo sería para ellos.
No obstante, el factor unificador es Dios, aquel que los creó y los redimió a ellos así como a nosotros. Cualesquiera que sean las brechas en la cultura, el idioma y la historia, adoramos al mismo Dios, no importa las diferencias de nuestras formas y expresiones. De hecho, las verdades básicas que les fueron enseñadas por medio de sus ritos y sus ceremonias son, en principio, las mismas que nosotros aprendemos hoy.
Esta semana seguiremos a nuestros antepasados espirituales en su jornada de fe. Examinaremos más los ritos, las leyes y los mandatos que Dios le dio a su pueblo en ese tiempo. Entre ellos, consideraremos la consagración del altar del holocausto, la de la menorah (el candelabro) en el Santuario terrenal, así como la ordenación de los levitas a su sagrada vocación de trabajo con los sacerdotes, a su ministración en el Santuario del desierto.
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo. Sea tu oración: ‘Tómame, ¡oh Señor!, como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo y sea toda mi obra hecha en ti’. Este es un asunto diario. Cada mañana conságrate a Dios por ese día. Somete todos tus planes a él, para ponerlos en práctica o abandonarlos según te lo indicare su providencia. Sea puesta así tu vida en las manos de Dios, y será cada vez más semejante a la de Cristo” (CC 69,70).
“Las circunstancias pueden separar a los amigos; las aguas intranquilas del dilatado mar pueden agitarse entre nosotros y ellos. Pero ninguna circunstancia ni distancia alguna puede separarnos del Salvador. Doquiera que estemos, él está siempre a nuestra diestra, para sostenernos y alentarnos. Más grande que el amor de una madre por su hijo es el amor de Cristo por sus rescatados. Es nuestro privilegio descansar en su amor y decir: ‘En él confiaré; pues dio su vida por mí’” (MC 48).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Aunque conocemos los peligros de enredarse en las cosas de este mundo, y perder de vista de nuestro verdadero hogar, ¿podemos estar tan absortos en nuestro deseo del cielo que dejemos de lado nuestras responsabilidades aquí? ¿Cómo podemos alcanzar el equilibrio correcto en este tema importante? ¿Qué ejemplos puedes ofrecer en los cuales las personas esperaban tanto el cielo que no cumplieron sus responsabilidades terrenales?
2. ¿Cuáles son algunas de las presiones y tensiones que tu sociedad pone sobre el matrimonio? ¿Cómo pueden ustedes, como iglesia en esa sociedad, afrontar estos desafíos para proteger la santidad del matrimonio dada por Dios?
3. En la clase, conversen sobre situaciones en las que ustedes estuvieron en el error, o en las que hicieron algún daño a otro, y cómo pudieron resolver los problemas. ¿Qué lecciones aprendieron de esas experiencias? ¿De qué forma tratan situaciones en las que aparecen daños que son prácticamente imperdonables?
Resumen:
Dios quiere que su pueblo sea feliz y esté en paz. La integridad física y espiritual se obtiene por una obediencia a sus leyes para la vida, por relaciones bondadosas con el cónyuge y los vecinos, y por una consagración diaria a la voluntad del Padre. Esto no significa que la vida siempre será fácil en este mundo maldecido por el pecado, pero puede facilitarse si procuramos andar en los caminos de Dios.
“Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz” (Núm. 6:24-26).
Después de leer cuidadosamente la bendición transcrita arriba, responde las siguientes preguntas:
* ¿Qué indicio se da aquí acerca de la naturaleza de la Deidad? Mat. 28:19.
______________________________________________________________
______________________________________________________________
* ¿De qué modo revela esta oración la total dependencia de Dios que tenía Israel? Juan 15:5.
______________________________________________________________
______________________________________________________________
* ¿Qué importancia tiene el hecho de que los sacerdotes debían pronunciar esta oración en favor del pueblo? Heb. 7:25.
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Aquí hay varios puntos interesantes. Cada una de las líneas comienza con el nombre personal de Dios, que él usó para el Pacto (Jehová, Señor). Para la congregación, se usa el singular. Es decir, se habla de cada persona como un individuo. Cada persona podía saber lo que la bendición significaba individualmente, personalmente. Es decir, no importaba cuántos miembros tuviera la comunidad de Israel, cada uno podía tener una relación personal con Dios.
Israel no tenía las Escrituras en ese tiempo. Las bendiciones de Dios se veían en su liberación de la esclavitud, el cruce del Mar Rojo, y las provisiones hechas para su alimentación y agua. El poder conservador se hubiera visto por su presencia en el Santuario, cuyos ritos –el holocausto, el incienso y la menorah (el candelero)– siempre ardían, día y noche.
Aquí hay una evidencia clara de que la religión del Antiguo Testamento era totalmente de gracia (Gál. 3:7-14; Heb. 4:1, 2). La tercera línea asegura al creyente la sonrisa y la paz de Dios (ver Mat. 11:28-30).
¿En qué forma has experimentado las bendiciones enumeradas arriba en tu propia vida? ¿Qué cosas podrías estar haciendo que te dificulten ver estas cosas materializadas en tu jornada con Dios? ¿Qué cambios, por dolorosos que sean, debes realizar?
Dios tenía el propósito de organizar a Israel más ampliamente, a fin de que fuera para él un “reino de sacerdotes y gente santa” (Éxo. 19:6). De este modo, ellos serían testigos ante las naciones cercanas y lejanas acerca de las verdades con respecto al Dios viviente y Creador de todas las cosas. Sin embargo, en el Sinaí, Dios designó a los sacerdotes y a los levitas, especialmente, para servirlo en relación con la adoración en el Santuario-Tabernáculo.
¿Qué voto podía tomar una persona del común del pueblo (hombre o mujer) para consagrar un período específico a Dios? Núm. 6:1-21. ¿Qué lecciones espirituales podemos obtener de esto para nosotros hoy, a fin de profundizar nuestra propia espiritualidad y nuestro compromiso con Dios?
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Un nazareo era “uno consagrado”, que tenía el propósito de dedicarse a Dios por un período variable de tiempo. Un padre podía dedicar a un niño para ser un nazareo toda su vida. Por ejemplo, la madre de Sansón dedicó a su hijo, siguiendo la instrucción del ángel, para que comenzara a librar a Israel de los filisteos (Juec. 13:2-5; 16:17). Del mismo modo, el ángel Gabriel instruyó a Zacarías para criar a Juan (el Bautista) como nazareo, a fin de servir como precursor del Mesías (Luc. 1:15). Ana hizo el voto de que Samuel sería nazareo durante toda su vida (1 Sam. 1:10, 11).
También es interesante el mandato en cuanto a la bebida. La viña, y sus productos de jugo, vino y uvas, representaban para la mente antigua una tierra cultivada de chacras y casas de campo. Cuando un nazareo no bebía de la viña, estaba expresando en una forma concreta su creencia de que estaba dirigiéndose a una tierra mejor. La viña simbolizaba la vida sedentaria; sin embargo, el nazareo, por la forma en que vivía, mostraba en forma concreta el deseo de vivir “una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Heb. 11:16).
¿De qué modo, como adventistas, vivimos esperando una tierra “mejor”, no importa en qué país estemos viviendo ahora? ¿Cuáles son formas concretas con las que podemos protegernos de quedar enredados con nuestras viñas aquí, y que perdamos así de vista nuestro destino final?
El Creador estableció el vínculo del matrimonio en el Edén, al crear la humanidad en dos sexos y celebrar la primera unión (Gén. 1:26-28; 2:21-24). Dos Mandamientos, el séptimo y el décimo, protegen la institución del matrimonio. En la teocracia, la infidelidad debía ser castigada con la muerte de ambas personas (Lev. 20:10).
Lee Números 5:11 al 31. ¿Cómo debemos entender esto hoy?
______________________________________________________________
Obviamente, Dios quería enfatizar cuán seriamente tomaba la infidelidad matrimonial, que es por lejos la mayor amenaza a la estabilidad de la familia.
En este procedimiento, que incluía obviamente un elemento sobrenatural, el foco estaba en la bebida. El agua era santa; lo mismo, el suelo del cual el sacerdote tomaba un poco de polvo. El agua santa y el polvo no hacían que el agua fuera amarga; sencillamente subrayaban su santidad. Los juicios/maldiciones escritos, que eran borrados con el agua, simbolizaban su amargura potencial. “Todo dependía de si la mujer era santa (sin culpabilidad) o no santa (culpable). Si lo que era santo se encontraba con lo que no lo era, el castigo era inevitable. Si lo que era santo se encontraba con lo que no tenía culpa, prevalecía la armonía”.–Raymond Brown, The Message of Numbers, p. 46.
Este procedimiento (extraño para nosotros) no era un caso de magia. Más bien, era una ayuda visual concreta que los ex esclavos podían captar. No era el agua sino Dios quien leía el corazón de la mujer, y quien la castigaba o la absolvía.
¿De qué modo este procedimiento también era una protección para la mujer, que podía ser la víctima del celo no justificado de un esposo?
______________________________________________________________
Por raro que esto nos parezca hoy, podemos notar cuán importante es el voto del matrimonio a los ojos de Dios. Solo Dios sabe cuánto dolor, sufrimiento y daños ha causado la infidelidad matrimonial de uno u otro en la pareja. Es una tragedia que, en tantas sociedades, los votos matrimoniales parezcan tener tanta santidad como un apretón de manos.
¿Qué cosas puedes hacer, qué elecciones puedes realizar, a fin de capacitarte para tener un corazón puro?
Nos es difícil captar hoy los enormes problemas involucrados en la migración de miles de personas junto con sus rebaños de animales. Encerrados en el desierto delante del monte Sinaí, las personas enfermas han sido retiradas en favor de la salud de la Nación. Pero, tenían otro problema serio. Aunque habían sido instruidos en cuanto a “amarse” unos a otros (Lev. 19:18), cualquiera que vive en una comunidad sabe que esto no siempre es fácil. Aun en el mejor de los casos, surgen conflictos.
Cuando un israelita pecaba contra una persona en el campamento, ¿contra quién pecaba realmente esa persona? Núm. 5:6; ver también Sal. 51:3, 4. ¿De qué modo comprendemos este concepto?
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Cometer una falta contra un vecino es pecar contra Dios mismo. En realidad, esto no es difícil de comprender. Todos pertenecemos a Dios; todos somos su propiedad, tanto por creación como por redención (1 Cor. 6:19, 20; Hech. 17:28). Si alguien viene y daña una propiedad tuya, el pecado no es solo contra la propiedad misma sino también contra ti, el dueño de ella. Lo mismo sucede cuando pecamos contra otra persona; estamos pecando contra aquel que creó a esa persona y quien, en la Cruz, la compró con su propia sangre. No sorprende que la Biblia exprese la idea de que al pecar contra otros estamos pecando contra Dios mismo.
¿Qué debía hacer la persona culpable? Núm. 5:6-8; ver también Eze. 33:15 y Luc. 19:8, 9.
______________________________________________________________
______________________________________________________________
El principio de enmendar los daños hechos a otros sigue teniendo aplicación hoy. ¿De qué modo podemos corregir el mal que le hacemos a Dios, contra quien también hemos pecado? El hecho es que no podemos. Es muy tarde para que nos reconciliemos con Dios de este modo. Esa es la razón por la que vino Jesús: para ponernos en armonía con Dios, no por medio de algo que pudiéramos hacer nosotros, sino por medio de lo que Jesús ha hecho por nosotros (Col. 1:20).
Al recordar lo que Jesús hizo para arreglar las cosas entre tú y Dios, ¿qué necesitas hacer para que las cosas estén arregladas con la persona con la cual tuviste un conflicto?
Imagínate al antiguo Israel en el desierto antes del monte Sinaí. Miles de nómades con sus ganados, muy lejos de la civilización más cercana. ¿Qué atención médica tenían a su disposición? Ninguna. Y, considerando cómo se practicaba la medicina entonces, hasta podrían haber estado mejor sin ella. Entonces, en ese ambiente, cuán fácilmente podrían esparcirse las epidemias.
¿Qué tres clases de personas ordenó Dios a Moisés que “echen del campamento”? Núm. 5:1-4.
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Aparentemente, quien tuviera una enfermedad seria de la piel podría recibir el diagnóstico de lepra. La lepra verdadera (ahora llamada la enfermedad de Hansen) también estaba incluida en esta clase. Cualquier enfermedad infecciosa de la piel era considerada un peligro para la comunidad. Lo mismo, cualquier descarga o flujo con sangre, o el manejo de cuerpos en descomposición en el calor del desierto, podrían difundir enfermedades epidémicas en el campamento. Tanto hombres como mujeres eran expulsados hasta que mejorara su salud. Dios no odia a las personas con salud quebrantada; pero, por el bien de la salud de la Nación, los separó fuera del campamento, una especie de cuarentena. Aun en tiempos modernos, tenemos en los hospitales salas especiales para personas con enfermedades infecciosas.
¿Por qué razón teológica eran retiradas las personas enfermas del campamento? Núm. 5:3, última frase. ¿Qué mensaje espiritual podemos obtener para nosotros mismos?
______________________________________________________________
______________________________________________________________
Considera este tema desde una perspectiva espiritual; la idea de la contaminación, del pecado, y de lo que el pecado nos acarrea. ¿Qué creyente no ha experimentado la realidad de cómo el pecado nos separa de sentir la presencia de Dios? ¿Quién no ha experimentado el sentido de aislamiento espiritual que proviene de estar contaminado delante de Dios?
¿Qué cosas estamos mirando, leyendo, comiendo, haciendo, o aun pensando, que nos hacen sentir como exiliados espiritualmente del campamento? Más importante todavía, ¿cuál es la única solución de este problema? 1 Juan 1:8, 9.
From the publisher's feed