Homilía del Viernes Santo, predicada por el P. André Delvaux.
En esta reflexión, somos invitados a contemplar la cruz no solo como un signo de dolor, sino como el lugar donde el amor de Cristo se derrama por completo.
En el silencio del Viernes Santo, descubrimos un amor que no se guarda nada, que se entrega hasta el extremo y que transforma la muerte en fuente de vida.
La cruz se convierte así en el misterio más profundo del amor de Dios: un amor que se dona, que se rompe y que se ofrece para la salvación del mundo.
Una profunda reflexión de Semana Santa que nos invita a contemplar, en silencio, el amor que nos salva.