Pedro Herrero desarrolla una de sus explicaciones estratégicas más completas sobre cómo funciona el poder cuando recurre sistemáticamente a la mentira y por qué ese mecanismo, lejos de hacerlo invencible, lo desgasta desde dentro.
El análisis parte de una distinción clave entre batalla y conflicto. La batalla es un plano concreto, con reglas, límites y un final reconocible. El conflicto, en cambio, es la vida misma. Cuando las reglas se rompen —cuando se introduce la mentira como herramienta— el campo de juego se amplía artificialmente y obliga a calcular escenarios cada vez más complejos.
Pedro explica que un rival que utiliza la mentira no calcula de forma aritmética (1, 2), sino exponencial (2, 4, 8, 16). Eso exige enormes recursos, asesores, vigilancia constante y un estado mental de paranoia permanente. El poder que vive así puede parecer fuerte, pero en realidad se está consumiendo a sí mismo, física y psicológicamente.
La reflexión se vincula directamente con la forma de ejercer el poder de Pedro Sánchez, descrito como un liderazgo basado en el cálculo continuo de enemigos, escenarios y traiciones potenciales. Pedro sostiene que este tipo de poder necesita convencer a los demás de que “ya ha ganado”, porque solo puede sostenerse si el rival se rinde antes.
En ese contexto aparece también la figura de Begoña Gómez, utilizada no como ataque personal, sino como ejemplo teórico de cómo la paranoia del cálculo total acaba extendiéndose incluso al ámbito íntimo. Cuando todo es estrategia, nadie es confianza: todos son recursos.
El bloque introduce una idea fundamental: el tiempo es el gran enemigo del poder mentiroso. Mientras la mentira necesita correr, tapar huecos y abrir nuevos campos de conflicto, quien dice la verdad puede calcular hacia arriba, conservar energía y esperar. La rabia, el cabreo y la urgencia son armas del poder porque agotan al que las siente.
Pedro rechaza explícitamente la lectura en clave de partidos. No va de PSOE, PP o VOX. De hecho, se menciona la intervención de Pepa Millán como ejemplo de que, en situaciones límite, la verdad puede aparecer fuera del guion partidista. Lo que importa no es el bando, sino la intención y el contacto con la realidad.
La conclusión es clara y muy CB:
el poder que vive de la mentira necesita que te canses.
Si no te rindes, se devora a sí mismo.