Anoche conversaba con una amiga sobre algo que le ocurre a muchas mujeres: ha intentado alejarse varias veces de su compañero de vida, pero cada vez que lo hace, él regresa con más insistencia. Esta vez, incluso apareció en San Valentín con 7 u 8 docenas de rosas y comenzó a buscarla nuevamente por redes sociales.
A primera vista, la persistencia puede parecer amor. Pero muchas veces lo que realmente activa esa dinámica no es la insistencia del otro, sino las heridas que aún no hemos sanado dentro de nosotras.
Cuando existe una relación difícil o incompleta con nuestro padre, esa experiencia puede reflejarse en nuestras relaciones adultas. Y cuando no nos ponemos primero, terminamos confundiendo atención con amor, insistencia con compromiso.
En este episodio reflexiono sobre cómo reconocer estos patrones y cómo empezar a elegir desde el amor propio, no desde la herida. Porque cuando una mujer se elige primero, cambia completamente la forma en que ama y la forma en que permite ser amada.