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En este episodio abordamos un tema incómodo, pero inevitable para toda la humanidad: la muerte. Todos estamos sujetos a ella y nadie puede escapar de este destino. Aunque nos cuesta reconocerlo y muchas veces preferimos ignorarlo, la muerte nos recuerda lo valiosa que es la vida y nos lleva a enfrentar una pregunta que todos deberíamos hacernos: ¿qué ocurre después de morir?
La Biblia revela una realidad que transciende esta vida: después de la muerte viene el juicio. Todo será revelado y cada persona dará cuentas ante el Creador y Gobernante del universo. El resultado de ese juicio apunta a un destino eterno.
Pero ¿qué propósito tiene nuestra vida si todo lo que hacemos aquí termina? Jesús lo resumió con una pregunta que sigue siendo tan vigente como cuando la pronunció: “¿Qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma?” (Mateo 16:26).
En este episodio repasamos la historia de la humanidad, nuestra culpa por quebrantar la ley de Dios y la condena que merecemos. Pero también descubrimos que la historia no termina ahí: Dios ha provisto un camino de salvación a través de Cristo. No se trata de nuestras obras ni de lo que podamos ofrecerle a Dios, sino de la obra redentora de Jesús en la cruz, recibida por fe.
Te invitamos a reflexionar sobre la eternidad, el verdadero propósito de nuestra vida y el regalo de salvación que Dios ofrece por medio de aquel que murió por nosotros.
A lo largo de esta serie hemos sido críticos con la iglesia y sus líderes. Y aunque somos parte de ella, reconocemos sus falencias porque señalar lo que está mal también es una forma de advertir, corregir y fortalecer. Pero no todo es fracaso: Dios ha guardado a su iglesia para cosas hermosas. Existen creyentes y congregaciones que, aun con sus debilidades, procuran permanecer en la fe, vivir en temor de Dios y sujetarse a su Palabra.
La verdadera iglesia de Cristo existe para dar a conocer el misterio de la salvación y glorificar a Dios. También está llamada a sostener a quienes buscan andar correctamente, especialmente cuando enfrentan los ataques del enemigo.
En este episodio nos centramos en 1 Tesalonicenses 5:12-24 para descubrir cómo debe vivir y servir la iglesia como un solo cuerpo, con Jesús como fundamento. Hablamos de recibir a los líderes, amarnos y servirnos unos a otros, permanecer firmes en la verdad, animar, amonestar y restaurar a quienes tropiezan, y caminar entre la justicia y la misericordia.
También vemos el llamado a vivir en armonía, a gozarnos en la salvación de Cristo, a orar continuamente, a andar en el Espíritu y a velar por lo bueno y la verdad, mientras esperamos la venida del Señor Jesucristo.
Te invitamos a reflexionar con nosotros sobre el propósito de la iglesia de Dios mientras esperamos el fin de los tiempos hasta que Cristo vuelva.
A lo largo de esta serie hemos señalado con honestidad algunos de los problemas que han afectado a la iglesia. No lo hacemos para atacar a la iglesia de Cristo, sino porque la misma Biblia confronta el pecado de su pueblo y, en especial, el de sus líderes. En este episodio abordamos uno de los temas más delicados: el autoritarismo. ¿Qué ocurre cuando un pastor deja de servir para comenzar a dominar? ¿Cómo distinguir a quienes usan el nombre de Dios para manipular, controlar y beneficiarse de los demás?
La Escritura advierte con firmeza sobre los falsos pastores y profetas que, movidos por la avaricia, el orgullo y el deseo de poder, distorsionan la verdad y apartan a las personas de Cristo. Dios toma este pecado con extrema seriedad, y nosotros también debemos hacerlo. Acompáñanos a estudiar las advertencias de la Biblia, aprender a reconocer la falsa doctrina y mantener nuestra mirada fija en el verdadero fundamento de la iglesia: Cristo Jesús. Solo conociendo la verdad de la Palabra podremos rechazar el engaño y permanecer firmes en la fe.
En el episodio anterior hablamos de un extremo que ha causado mucho daño en la iglesia: el legalismo. En esta ocasión exploramos el otro extremo, igual de peligroso: el libertinaje. La salvación es un regalo inmerecido que recibimos por la gracia de Dios, no por nuestras obras. Sin embargo, esa gracia nunca fue dada como excusa para vivir conforme a los deseos de la carne o para ignorar el llamado de Dios. La Biblia nos invita a una vida de santidad, no por obligación, temor o deseo de ganar el favor de Dios, sino como respuesta de amor y gratitud a Cristo por la obra que hizo en nuestro favor.
También analizamos cómo una iglesia trata el pecado dentro de su congregación y cómo eso revela si realmente está edificada sobre el evangelio o sobre ideas humanas. Cuando el centro deja de ser Jesús, el resultado siempre es una distorsión de la verdad y del propósito de la iglesia. El verdadero consuelo, la verdadera libertad y la transformación solo se encuentran en Cristo y en su Palabra. Explore, analice y piense.
En este episodio hablamos de uno de los males que más han afectado a la iglesia a lo largo de la historia: el legalismo. Cuando las reglas humanas ocupan el lugar del evangelio, terminan imponiendo cargas que Cristo nunca impuso y desvían la mirada de la obra salvadora de Jesús. Lo que puede comenzar con el deseo sincero de agradar a Dios puede transformarse en un énfasis desmedido en lo externo, generando temor a las personas en lugar de un verdadero temor al Señor.
A la luz de la Biblia, analizamos por qué agregar requisitos a la obra perfecta de Cristo es presentar "otro evangelio", como advierte Pablo a los Gálatas, y recordamos las palabras de Jesús en la cruz: "Consumado es" (Juan 19:30). También reflexionamos sobre el equilibrio entre la libertad que Cristo nos ha dado y el llamado a vivir en santidad. ¿Qué significa realmente caminar en el Espíritu y cómo se vive esa realidad cada día? Acompáñanos mientras exploramos este desafío desde la perspectiva del evangelio y la eternidad.
Hoy en día, muchas personas relacionan la iglesia principalmente con edificios, organizaciones o incluso con los errores de algunos de sus líderes. A lo largo de la historia, muchos han distorsionado el propósito que Cristo estableció, utilizando la iglesia para beneficio propio en lugar de reflejar el amor y el servicio de Jesús. Sin embargo, al mirar las Escrituras encontramos una realidad muy diferente. La iglesia nació con un fundamento inquebrantable: Cristo Jesús, quien prometió que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella.
Después de la ascensión de Jesús, todo indicaba que aquel pequeño grupo de discípulos desaparecería. Sin su Maestro presente y enfrentando fuerte oposición, el movimiento parecía destinado al fracaso. Pero ocurrió exactamente lo contrario. La iglesia creció con rapidez y el evangelio comenzó a extenderse por todas las naciones. Personas comunes, sin poder político, riqueza ni influencia, fueron impulsadas por la obra del Espíritu Santo y por la convicción absoluta de que Jesús había resucitado y era el Señor.
¿Por qué un mensaje que llama a amar, perdonar y servir provocó tanta persecución? Vemos que, en medio de arrestos, amenazas y castigos, la iglesia no respondía con violencia ni con temor. En cambio, oraban para recibir valentía y nuevas oportunidades para seguir anunciando el evangelio. Su esperanza no estaba en evitar el sufrimiento, sino en la promesa de la vida eterna y en la presencia de Dios en medio de las pruebas.
La persecución no logró detener la expansión de la iglesia, sino que se convirtió en un instrumento para que el evangelio llegara aún más lejos. Nos centramos en la pregunta que sigue siendo relevante hasta nuestros días: ¿por qué el mensaje de Jesús continúa provocando tanta oposición? La luz del evangelio sigue incomodando a quienes prefieren permanecer en la oscuridad.
Antes de juzgar a la iglesia por nuestras experiencias, vale la pena preguntarnos: ¿cómo era la iglesia que Cristo estableció? En este episodio dejamos a un lado los prejuicios, las heridas y las tradiciones para regresar al punto de partida: la primera congregación de creyentes descrita en la Biblia.
Después del día de Pentecostés, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos y Pedro anunció el evangelio de Jesucristo. Su mensaje llevó a miles al arrepentimiento, al bautismo y a poner su fe en Jesús como Señor y Salvador. El Espíritu Santo no es el centro del mensaje, sino el testimonio vivo de Cristo, guiando a los creyentes a proclamar sus maravillas y a vivir una vida transformada por la gracia.
También descubrimos las cuatro columnas que sostenían a la iglesia primitiva: perseverar en la enseñanza de los apóstoles, vivir en comunión como una familia, compartir el pan recordando la obra de Cristo y mantenerse constantes en la oración. Estas prácticas revelan el propósito de la iglesia: crecer en el conocimiento de Dios, amarse unos a otros y mantener una relación continua con el Creador.
La iglesia nunca ha estado formada por personas perfectas, sino por pecadores redimidos que siguen al único Hombre perfecto: Jesucristo. Cuando una congregación deja de apuntar a Él y a sus enseñanzas, pierde su fundamento. En este episodio analizamos qué distingue a la verdadera iglesia y por qué su centro siempre debe ser Jesús, el Cristo, el Señor y el Hijo de Dios.
En este episodio continuamos nuestra serie sobre la Iglesia, pero ahora nos detenemos a estudiar su origen. Más allá de las instituciones y las tradiciones, ¿cómo nació realmente la Iglesia? ¿Cuál era su propósito? ¿Qué unía a aquellos primeros creyentes?
Recorremos el plan de Dios desde el principio: formar una familia que le conozca y viva en comunión con Él. Ese propósito alcanza su mayor impulso en Jesucristo, quien, por medio de su muerte y resurrección, abre el único camino al Padre y se convierte en el fundamento de su Iglesia.
También exploramos el papel del Espíritu Santo, presente desde el inicio de las Escrituras y prometido por Jesús a sus discípulos. En Pentecostés vemos el cumplimiento de esa promesa y el nacimiento de la Iglesia. Analizamos el verdadero propósito de las lenguas, el poderoso mensaje de Pedro y la respuesta de miles de personas al escuchar que Jesús, a quien habían rechazado, era el Señor y el Cristo.
¿Qué significa arrepentirse? ¿Qué implica bautizarse en el nombre de Jesucristo? ¿Qué significa recibir el Espíritu Santo y formar parte de la familia de Dios? En este episodio descubrimos que la entrada a la Iglesia no depende de nuestros méritos, sino de la obra perfecta de Cristo y de la invitación que sigue vigente para todo aquel que cree en Él.
Comenzamos una nueva serie explorando uno de los temas más importantes y, a la vez, más discutidos dentro del cristianismo: la Iglesia. Cuando escuchamos esta palabra, solemos pensar en edificios, denominaciones o tradiciones religiosas. Pero ¿qué significa realmente según la Biblia?
A través de Mateo 16:13-20 analizamos una de las conversaciones más trascendentales entre Jesús y sus discípulos para discutir los orígenes. Después de preguntar quién decía la gente que era Él, Jesús llevó la discusión a una pregunta mucho más personal: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” La respuesta de Pedro fue extraordinaria: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”
¿Qué quiso decir Pedro? ¿Sobre qué roca prometió Jesús edificar su Iglesia? ¿Cuál es el verdadero fundamento que une a todos los creyentes más allá de denominaciones y tradiciones?
En este episodio exploramos cómo la Iglesia no encuentra su identidad en hombres, estructuras o instituciones, sino en la verdad de que Jesús de Nazaret es el Cristo, el Hijo de Dios y el fundamento de todo aquel que cree en Él. Una congregación con esta base, Jesús promete, nunca será vencida.
Al final, la misma pregunta sigue vigente para cada uno de nosotros. No importa lo que diga el mundo, la cultura o incluso quienes nos rodean. La pregunta es: ¿quién dices tú que es Jesús?
Piensalo
A lo largo de esta serie hemos explorado cómo Dios se revela a sí mismo: su bondad, su justicia, su amor y su ira. Hemos visto que jamás podremos comprenderlo completamente, pero sí podemos conocerlo porque Él ha decidido darse a conocer. En cada una de estas características descubrimos a un Dios santo, perfecto y exaltado sobre toda su creación.
Concluimos esta serie con una de las verdades más asombrosas del carácter de Dios: su gracia. ¿Qué es realmente la gracia? ¿Cómo la demuestra Dios? En este episodio exploramos la gracia común, aquella que Dios extiende a toda la creación y que nos permite vivir, respirar y disfrutar de innumerables bendiciones cada día. También hablamos de la gracia especial, aquella que transforma corazones, da nueva vida y reconcilia a pecadores con el Dios eterno y santo.
Reflexionamos sobre la relación entre misericordia y gracia. Dios no nos da lo que merecemos: su justa ira contra el pecado. En cambio, nos ofrece algo infinitamente mejor. Como dice Efesios 2, aunque estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Dios, rico en misericordia, nos dio vida juntamente con Cristo.
La máxima expresión de la gracia de Dios se encuentra en Jesucristo, la imagen perfecta del Padre. El Hijo de Dios se hizo hombre, fue contado entre nosotros y entregó su vida como sacrificio definitivo para reconciliarnos con Dios. No lo merecíamos, no podíamos ganarlo y jamás podríamos alcanzarlo por nuestros propios esfuerzos. Sin embargo, Cristo murió por nosotros, venció a la muerte, resucitó y hoy reina por la eternidad, ofreciendo vida a todos los que creen en Él.
Porque la salvación no es una recompensa por nuestras obras, sino un regalo recibido por fe: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9).
Te invitamos a pensar en esta pregunta: si la gracia no puede comprarse, merecerse ni ganarse, ¿qué significa realmente creer en Cristo y recibir el regalo que Dios ofrece?
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Este Podcast está diseñado para pensar en la Biblia y en tu eternidad. Es un espacio dedicado para presentar y aprender sobre Dios y su palabra.
¡Te invitamos a pensar con nosotros!