El hombre sueña con trascender, con la eternidad, con un amor eterno. Lo cierto es que es perecedero. El amor eterno existe en Dios, a quien debemos clamar
Debe morir a su ego, a sus impulsos, a su violencia, a su vulgaridad, a su enemistad, a su deseo, a su mal carácter, al odio y a sus malas costumbres quien desee dar buen fruto