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¿Y si la inteligencia artificial nos está haciendo pensar cada vez menos?
Hace poco vi a un adolescente preguntarle a ChatGPT qué responderle a su polola por WhatsApp.
Días antes, un emprendedor me mostró un modelo de negocio construido íntegramente con IA, sin haber conversado todavía con un solo cliente.
Ninguna de las dos situaciones es necesariamente mala. Pero ambas plantean una pregunta incómoda:
¿Estamos usando la tecnología para pensar mejor o estamos dejando que piense por nosotros?
Axel Gasulla, experto en inteligencia artificial, me enseñó un concepto que describe muy bien este fenómeno: sedentarismo cognitivo.
Así como los ascensores y los automóviles redujeron nuestro esfuerzo físico cotidiano, hoy la IA, los buscadores y los algoritmos están reduciendo parte de nuestro esfuerzo intelectual.
Recordamos menos, decidimos menos, investigamos menos y corremos el riesgo de razonar menos.
Y esto tiene consecuencias que van más allá de nuestra productividad.
Porque una parte importante de la satisfacción humana está en el esfuerzo: aprender algo difícil, resolver un problema, desarrollar una idea o conseguir algo que parecía imposible.
Si delegamos todo el esfuerzo, también podemos terminar perdiendo parte de la satisfacción de lograrlo.
No se trata de rechazar la inteligencia artificial. Al contrario, se trata de aprender a utilizarla sin renunciar a nuestras capacidades más importantes: el pensamiento crítico, la curiosidad, la creatividad y el juicio propio.
En este episodio del podcast 95% reflexiono sobre el sedentarismo cognitivo y por qué, en un mundo donde las máquinas serán cada vez más capaces, nuestra verdadera ventaja podría estar en seguir ejercitando la capacidad de pensar por nosotros mismos.
Quizás el mayor regalo que podemos hacerles a nuestros hijos no sea enseñarles a usar mejor la inteligencia artificial, sino enseñarles cuándo vale la pena pensar sin ella.
#InteligenciaArtificial #Innovación #PensamientoCrítico #SedentarismoCognitivo #Podcast95%
¿Realmente podemos hacer más con menos?
Hace un tiempo, el ministro de Hacienda en Chile, Jorge Quiroz, generó polémica al afirmar que “a veces uno con menos recursos hace más”, en medio de la discusión por los recortes presupuestarios en salud.
La frase plantea una pregunta interesante que va mucho más allá del debate político: ¿las restricciones nos ayudan a innovar o terminan limitando nuestra capacidad de hacerlo?
La historia muestra que muchas innovaciones surgieron precisamente de la escasez.
Toyota desarrolló su modelo de eficiencia en un contexto de recursos limitados. La tripulación del Apollo 13 logró regresar a la Tierra gracias a soluciones improvisadas con lo que tenía disponible. Y muchas startups encuentran formas distintas de hacer las cosas porque simplemente no pueden permitirse operar como las grandes empresas.
Pero hay un límite.
Una cosa es tener restricciones que nos obligan a ser creativos y otra muy distinta es no contar con los recursos mínimos para funcionar.
En innovación existe una idea que podemos llamar restricción óptima: cierta presión puede estimular la creatividad, pero demasiada termina generando agotamiento y paralizando a las organizaciones.
Y esto también aplica a nuestra vida cotidiana, desde cómo administramos nuestro tiempo hasta cómo educamos a nuestros hijos.
Quizás el desafío no sea simplemente tener más o menos recursos, sino encontrar el equilibrio entre la estabilidad que necesitamos y las restricciones que nos obligan a pensar distinto.
En este episodio del podcast 95% reflexiono sobre la relación entre escasez, creatividad e innovación, y por qué hacer más con menos no siempre es posible, pero hacer más con más tampoco garantiza mejores resultados.
¿Cuándo fue la última vez que una limitación te obligó a encontrar una solución mejor?
#Innovación #Creatividad #Gestión #Productividad #Podcast95%
¿De dónde vienen las buenas ideas?
¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decir “a mí se me había ocurrido eso antes” cuando aparece una innovación exitosa?
Y probablemente sea verdad.
Porque las buenas ideas rara vez aparecen de la nada. Son el resultado de observar problemas, conectar conocimientos, conversar con otros y, sobre todo, ejecutar.
Steven Johnson, en su libro Where Good Ideas Come From, explica que durante siglos algunos de los grandes centros de innovación fueron los cafés de Londres, donde personas de distintas disciplinas se reunían a discutir, intercambiar conocimientos y construir nuevas ideas.
No era el café lo que generaba innovación. Eran las conversaciones y las conexiones entre personas.
Sin embargo, todavía existe una obsesión por esconder nuestras ideas para evitar que alguien nos las copie.
Pero quizás estamos sobrevalorando las ideas y subestimando la ejecución.
Facebook no fue la primera red social. Google no fue el primer buscador. Netflix no inventó el streaming.
La diferencia no estuvo necesariamente en quién tuvo primero la idea, sino en quién fue capaz de convertirla en algo valioso.
Quizás deberíamos dejar de preguntarnos cómo tener mejores ideas y comenzar a preguntarnos:
¿A qué problemas, conversaciones y personas me estoy exponiendo?
Porque las buenas ideas, la mayoría de las veces, no aparecen. Se construyen.
#Innovación #Creatividad #BuenasIdeas #Emprendimiento
¿Cuántos problemas hemos dejado de ver simplemente porque nos acostumbramos a ellos?
Filas eternas, trámites absurdos, reuniones que no sirven, procesos ineficientes.
Todos sabemos que existen. Nos molestan, pero seguimos conviviendo con ellos.
Con el tiempo, dejan de parecernos problemas y pasan a ser parte del paisaje.
En innovación los conocemos como “problemas resignados”.
Y creo que ahí existe una de las mayores oportunidades para innovar.
Porque muchas veces nos obsesionamos con encontrar soluciones, incorporar tecnología o generar ideas disruptivas, sin detenernos a cuestionar aquello que llevamos años aceptando como normal.
Esto ocurre en las empresas, en las políticas públicas y también en nuestra vida cotidiana.
Una forma sencilla de identificar estos problemas es hacerse tres preguntas:
→ ¿Esto ocurre frecuentemente?
→ ¿Todos saben que es un problema?
→ ¿Nadie está haciendo algo efectivo para resolverlo?
Si las tres respuestas son afirmativas, probablemente estamos frente a una gran oportunidad de innovación.
Porque innovar no siempre consiste en descubrir algo nuevo. A veces consiste en volver a mirar lo que ya dimos por normal y decidir que no tenemos por qué seguir aceptándolo.
#Innovación #ProblemasResignados #PensamientoCrítico #DesignThinking
¿Se puede innovar sin destruir algo en el camino?
Hace un tiempo, el CEO de Shopify planteó una exigencia a sus equipos: antes de contratar a alguien, debían demostrar por qué ese trabajo no podía ser realizado por inteligencia artificial.
Una decisión incómoda, pero que refleja un fenómeno que lleva siglos ocurriendo.
El economista Joseph Schumpeter lo llamó destrucción creativa: nuevas tecnologías, empresas y formas de hacer las cosas desplazan a las anteriores.
Y aunque solemos mirar este proceso desde lo que desaparece, olvidamos que buena parte de lo nuevo se construye sobre aquello que vino antes.
Esto no ocurre solamente con las tecnologías. También pasa en nuestras organizaciones, trabajos e incluso en nuestra vida cotidiana.
Queremos innovar, pero muchas veces sin renunciar a nada. Queremos transformación sin incomodidad y futuro sin dejar atrás el presente.
Quizás el desafío no sea solamente preguntarnos qué queremos crear, sino también:
¿Qué estamos dispuestos a dejar de hacer para dar espacio a algo mejor?
Porque innovar no consiste únicamente en crear algo nuevo. También implica reconocer cuándo llegó el momento de dejar atrás lo que ya no funciona.
#Innovación #DestrucciónCreativa #Schumpeter #InteligenciaArtificial #Transformación
¿Y si el clima extremo deja de ser la excepción y se convierte en la nueva normalidad?
Las recientes tormentas, aluviones, sequías, huracanes y temperaturas extremas (entre otros), deja en evidencia lo que desde años la ciencia lleva advirtiéndonos. Y hay un concepto que ayuda a entenderlos: la inercia climática.
Así como una olla sigue caliente después de apagar el fuego, el sistema climático conserva efectos de las emisiones acumuladas durante mucho tiempo.
Por eso, reducir emisiones sigue siendo fundamental, pero ya no es suficiente. También necesitamos innovar para adaptarnos a un clima que está cambiando.
¿Cómo preparamos nuestras ciudades, hogares y comunidades para fenómenos que antes considerábamos excepcionales?
#Innovación #CambioClimático #InerciaClimática #AdaptaciónClimática
¿Cuánto vale realmente una empresa? ¿Y cuánto vale una amistad, una obra de arte o una buena idea?
La salida a bolsa de SpaceX abrió una discusión que va mucho más allá de Elon Musk: ¿qué entendemos por valor?
En este nuevo capítulo del Podcast 95% conversamos sobre innovación, mercados, arte y esa pregunta incómoda que pocas veces nos hacemos: ¿estamos valorando lo que realmente importa o solo aquello que la sociedad nos dice que tiene precio?
#Podcast95 #Innovación #SpaceX #Emprendimiento #Valor #ElonMusk #PensamientoCrítico
Los efectos de segundo orden o consecuencias no intencionadas ocurren cuando incorporamos innovaciones a un sistema sin tener claras todas las repercusiones. Son aquellos elementos emergentes y contraintuitivos que pueden llegar a causar exactamente el impacto contrario al esperado.
Trump se esforzó tanto por potenciar los combustibles fósiles y conquistar más petróleo - comenzando por Venezuela - que terminó recordándonos la importancia de la soberanía energética y obligándonos a hablar de las energías renovables no como un algo deseable, si no como un activo estratégico.
¿Aburridos de estar pegados al celular?
No es falta de disciplina.
Es modelo de negocio.
Hoy muchas empresas no venden productos: monetizan tu tiempo, tu atención y tu foco. Y cuando ese es el incentivo, el resultado es evidente:
más engagement… aunque eso implique más ansiedad, polarización y desinformación.
Por eso, si trabajas en innovación, hay una pregunta incómoda que no puedes evitar:
¿estamos creando valor… o extrayéndolo?
Innovar no es solo lanzar cosas nuevas.
Es entender cómo ganan dinero… y qué efectos generan.
Aquí es donde el rol del “abogado del diablo” se vuelve crítico: cuestionar incentivos, anticipar externalidades y evitar que proyectos mal diseñados escalen.
Porque sin espíritu crítico, la innovación no es progreso. Es amplificación de problemas. La pregunta no es si podemos capturar atención. Es si el modelo de negocio que estamos diseñando vale la pena.
Columna Radial 11-03-2026, Radio Concierto Chile.
Conversación con María Elena Dressel sobre el rol del nuevo gobierno de cara a la innovación.
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