El corazón se descubre en cada conversación.
Nuestras propias vidas emanan del corazón. Vivimos, somos padres, lideramos, nos relacionamos, nos enamoramos, confrontamos, reaccionamos, respondemos, enseñamos, dirigimos, resolvemos problemas y amamos, y todo sale del corazón.
Nuestros corazones impactan la intensidad de nuestra comunicación. Cada esfera de la vida se entrelaza con lo que está sucediendo en nuestro corazón. Todo pasa por el corazón hacia donde sea que vaya. Veamos un ejemplo de esto:
Daniel “propuso en su corazón no contaminarse” (Daniel 1:8).