Ahora que el proceso constituyente ha vuelto al Congreso, los legisladores y el gobierno deberán decidir cuáles son los asuntos que más interesan a los chilenos para darles prioridad. Aunque la gente quiere una nueva constitución, las urgencias de la ley de presupuesto, la reforma tributaria, la reforma de pensiones y el combate contra la delincuencia bien pudieran terminar retrasando todavía más la construcción de un acuerdo que nos permita reemplazar la constitución de 1980.
Tal vez lo mejor sea concentrarse en remodelar la casa actual y poder abocarse a los problemas más inmediatos que nos presenta la economía, la creciente delincuencia, el inoperante gobierno y los nubarrones que anuncian una tormenta de proporciones para 2023.