"Un par de días antes de que se cierre el proceso constituyente resulta un eufemismo sugerir que el Acuerdo Por la Paz Social (sic) y la Nueva Constitución de 2019 no envejeció bien. Los problemas del país siguen siendo los mismos que antes del estallido social. Varios de los problemas han empeorado. Los chilenos sufren de comprensible fatiga constitucional y la clase política aparece más deslegitimada que antes. Muchos de los artífices del acuerdo reconocen abiertamente que esa negociación entre gallos y medianoche fue producto de un chantaje y que, en resumidas cuentas, fue la forma de evitar un golpe de Estado que pretendían dar algunos líderes de izquierda. Por eso, cuando vayamos a votar el domingo 17 de diciembre, esta jornada electoral estará marcada por la amargura, decepción, engaño y rabia. El único consuelo es que, al menos, el país parece haber aprendido la lección para no volver a creer en esas soluciones de píldora mágica que prometen que lo que nunca funcionó en ningún país de América Latina sí va a funcionar en Chile." Patricio Navia.