Si el marido junto a otra persona acusaba a la mujer de adulterio, entonces debía someterse a una dura prueba: tenía que jurar ante los dioses su inocencia y luego arrojarse al río. Si se ahogaba, se consideraba que era culpable, y si no se ahogaba, se pensaba que los dioses la habían ayudado porque era inocente. En aquellos tiempos muy pocas personas sabían nadar en Mesopotamia, por lo que esta prueba era realmente muy arriesgada. Si seguimos el Código de Hammurabi respecto al adulterio recoge varios aspectos.
En el artículo 129, hace referencia al agua y dice “Si la esposa de un hombre ha sido sorprendida mientras estaba acostado con otro varón, se los atará y se los echará al agua. Si el dueño de la esposa deja vivir a su esposa, entonces el rey dejará vivir a su servidor”.
En el artículo 131º dice “Si el marido sólo tenía dudas y no sorprende a los adúlteros, la mujer debe pronunciar un juramento ante Dios para confirmar su inocencia y podría volver a casa de su padre”.
El artículo 132º dice “Si uno ha dirigido su dedo contra la mujer de otro a causa de otro hombre, y si ella no ha sido sorprendida con el otro hombre, o acusa a su marido, ella se arrojará al río”.