La pandemia del coronavirus ha motivado que se exterioricen los sentimientos más íntimos de algunas personas, y muchos de ellos son extravagantes por no escribir algo más fuerte. Quizá cuando el temor actual al contagio haya pasado, alguien recoja una antología con los disparates dichos y escritos en estos días. Yo ahora me limito a comentar algunos de los más recientes y sorprendentes.
Por ejemplo, el locutor Federico Jiménez Losantos aseguró en la mañana del viernes 13 de marzo, desde su ultraemisora esRadio, que la causa de la pandemia es una maldición del dictadorísimo contra este Gobierno, calificado por él de social—comunista—separatista. Su enfado lo motiva el haber trasladado a su momia del fascistísimo mausoleo que se había hecho construir por los presos políticos, a una modesta sepultura pueblerina. Cree que es la habitual maldición de los faraones contra quienes los remueven en sus pirámides: todos los profanadores fallecen de mala manera, ya que la maldición se conserva inalterable a través de los siglos.