EL PROBLEMA MUNDIAL DE LA PÉRDIDA DE ATENCIÓN
El escritor escocés Johann Hari habla de un problema mundial en su último libro: El valor de la atención.
Según él, el ser humano tiene dos superpoderes: la atención y la creatividad.
Sin la primera, la segunda no se puede desarrollar.
Con el paso de los años notó que le era más difícil mantener largas conversaciones, leer libros o ver películas.
En definitiva, que era más complicado prestar atención.
La gota que colmó el vaso fue observar que este fenómeno se estaba produciendo en todas partes.
De ahí que decidió hablar con más de 200 especialistas en atención y concentración.
El resultado es la recopilación de entrevistas, relatos y experiencias que aparecen en su obra.
El escocés asegura que hay 12 factores que influyen en nuestra atención.
Algunos tienen que ver con la tecnología y otros no.
Por ejemplo: la alimentación, la manera en la que trabajamos, los inputs constantes que nos interrumpen en nuestras tareas, la sobre estimulación, la contaminación del aire o la calidad del sueño serían algunas de las razones de peso.
Por lo tanto, internet no sería la principal causa de nuestra incapacidad para concentrarnos.
La respuesta sería que la combinación de esos factores están provocando la tormenta perfecta de degradación cognitiva.
Debemos entender que los 12 agentes que afectan nuestra atención están interrelacionados y que tenemos que aprender a afrontarlos.
Hay expertos que hablan de que con tantos estímulos, como recibimos hoy en día, perdemos la capacidad de aburrirnos y, por tanto, perdemos los instantes en los que podía surgir la creatividad.
Nuestro cerebro está diseñado para pensar, de manera consciente, sobre una cosa a la vez y ya está.
Esta limitación no ha cambiado en 40.000 años y no lo hará de golpe.
Vivimos en una especie de engaño, donde nos hacen creer que podemos atender seis o siete cosas a la vez.
Los científicos han estudiado a gente en laboratorios para comprender cómo funciona la multitarea.
Y sus conclusiones son que en ese estado, el cerebro hace malabares, pasa de una tarea a otra con mucha rapidez.
De un mensaje en Whatsapp a las redes sociales o a ver la tele.
Esos malabares tienen un precio muy alto para nuestro cerebro, el ‘efecto de costo de cambio’.
Es decir, al intentar hacer varias cosas al mismo tiempo, todo nos saldrá peor.
Cometeremos más errores, recordaremos menos detalles de lo que hicimos y nos volveremos menos creativos.
De hecho, hay estudios que muestran que si sufrimos interrupciones constantes en nuestro trabajo, nuestro coeficiente intelectual baja unos cinco puntos.
Para conseguir cosas trascendentales en la vida hace falta esfuerzo y una gran cantidad de concentración y atención sostenida.
Cuando nuestra habilidad para concentrarnos disminuye, nos cuesta más alcanzar un objetivo.
La creatividad va de la mano de la atención y del descanso.
Si pasamos el rato saltando de un estímulo a otro en bucle, no lograremos que nos visiten las musas.
Además, si nos cuesta prestar atención tardamos más tiempo en hacer las cosas.
Y esto puede desencadenar estrés y ansiedad.
Vivimos un ritmo de vida muy acelerado y ese estrés también afecta a nuestra atención.
En resumen, la atención es como las capas de una cebolla.
La primera capa es el foco, nuestra habilidad para las tareas inmediatas y cortas.
La segunda es la luz de las estrellas, la que nos permite desarrollar tareas a largo plazo.
A la tercera la llama luz del día. Y es nuestra capacidad para saber por qué queremos hacer algo a largo plazo.
Para entender nuestras motivaciones necesitamos pensar con profundidad y detenimiento.
Esta es la capa que tenemos más dañada en la actualidad.
La cuarta y última capa es la de las luces de estadio.
La capacidad colectiva para conseguir nuestros objetivos como sociedad.
No sólo falla la atención individual sino que nos está costando más escucharnos unos a otros o distinguir la verdad de la mentira.
Las redes sociales suelen ser las sospechosas habituales de esta pérdida en la atención.
Cuando entramos en una, esa empresa empieza a generar dinero gracias a nosotros de dos formas:
Por un lado, con la publicidad y en el otro, sus algoritmos aprenden lo que te provoca hacer ‘clic’.
De esta manera, buscará más estímulos que te mantengan ‘enganchado’ a su contenido.
Todos los esfuerzos de Silicon Valley están puestos para mantenernos el mayor tiempo posible conectado a sus redes.
Y eso nos impide concentrarnos en otras actividades diarias.
Para acabar, el autor propone ciertas medidas para ayudarnos a recuperar el control de nuestra atención.
Como guardar los móviles mientras trabajamos o vemos una película.
También, abandonar las redes sociales durante unas semanas al año.
La desconexión es vital.
La sociedad debe presionar para que las grandes tecnológicas no abusen de nuestro tiempo.
La hiperconexión desmesurada no es sana.
Hoy en día, un adulto puede prestar atención a una tarea durante 3 minutos seguidos.
Los adolescentes ya están en los 65 segundos.
Sin duda, tenemos que darnos cuenta y luchar contra esta tendencia.