DESCUBREN EL SECRETO DE LA RESISTENCIA
DEL HORMIGÓN ROMANO
Los romanos avanzaron mucho en ingeniería.
Gracias a sus dotes arquitectónicas, crearon vastas redes de carreteras, acueductos, anfiteatros, puertos y puentes, entre otras maravillas.
Bastantes de estas construcciones han sobrevivido hasta nuestros días.
El Coliseo, es un ejemplo de ello.
Comenzó a construirse en el año 70 después de cristo y se terminó 10 años después.
Y ahí sigue, como un emblema de esta civilización.
En España también tenemos buenas muestras de su resistencia:
En el teatro romano de Mérida.
Aún hoy sirve de escenario para obras de teatro y conciertos.
O el acueducto de Segovia, que data del siglo II después de cristo, que se ha mantenido desde entonces.
En contraste, ciertas obras modernas de ingeniería han acabado dañadas después de algunas décadas.
La ciencia lleva años intentando explicar cómo consiguieron que esas estructuras, de hace miles de años, aguantasen tanto tiempo.
En algunos casos, soportan toneladas de peso, como ocurre con los diques o muelles.
Incluso, las que fueron levantadas en lugares sísmicamente activos, han superado el transcurrir de los años.
Ahora, un grupo internacional de investigadores del Mit, de la Universidad de Harvard y provenientes de distintos laboratorios de Italia y Suiza, han removido estos cimientos, para dar con una respuesta.
Este es el misterio revelado de la resistencia del hormigón romano.
El estudio ha sido publicado en la revista Science Advances.
Los romanos lograron hacer una masa ultrarresistente que dotó a sus construcciones de un vigor realmente admirable.
Pero es que también funcionaban como un proceso de autocuración.
Vayamos por partes.
Desde hace muchos años, los investigadores sospechaban que la clave se encontraba en un ingrediente: el uso de materiales puzolánicos, que contienen sílice.
Por ejemplo: la ceniza volcánica que existe en la región de Pozzuoli, en el norte de Nápoles.
Esta ceniza se envió por todo el Imperio Romano para ser empleada en la construcción.
Era un ingrediente fundamental para su hormigón.
Sin embargo, un análisis más detallado y reciente, nos dice que el hormigón romano contiene unas sustancias minerales blancas, brillantes y de apenas unos milímetros: clastos de cal.
Estos elementos fueron los que otorgaron esa especie de capacidad de autocuración.
Estaban hechas de distintas formas de carbonato de sílice.
El examen espectroscópico demostró que se habían formado a temperaturas extremas.
Es decir, que mezclaron estos ingredientes del hormigón romano en caliente para crear una masa ultrarresistente.
Esta masa caliente permitió que la construcción fuese más rápida y produjo unos compuestos especiales que surgen con estas altas temperaturas.
Esto redujo el tiempo de curado y fraguado.
Además, este material era capaz de regenerarse cuando se fracturaba.
Este material puede reaccionar con agua, creando una solución saturada de calcio que puede recristalizarse como carbonato de calcio.
Y así llenar, rápidamente, una grieta.
Para ver que estaban en lo cierto, los investigadores recrearon la composición de este cemento, tal y como lo hicieron los romanos, en caliente.
Luego, lo rompieron para que corriese a través de las grietas el agua.
Efectivamente, a las dos semanas, el hormigón se regeneraba y el agua dejaba de fluir por el interior.
Como era de esperar, ya están pensando en comercializar este hormigón romano, para que pueda aprovecharse en las obras actuales.