HEMOS LLEGADO A LOS 8.000 MILLONES DE PERSONAS
Se calcula que a lo largo de la historia han vivido en el mundo unos 106.000 millones de personas.
Hoy habita la tierra, aproximadamente, el 7 por cien de toda la población que ha existido nunca.
Desde 1974, la población aumenta unos mil millones cada doce o trece años.
Hoy, la demanda de alimentos y agua multiplica por cinco la de hace un siglo.
Pues es lo que ha crecido la población.
La población mundial alcanzó los mil millones hacia 1830.
Gracias al progreso industrial y científico iniciado el siglo anterior.
En los siguientes cien años, se duplicó la cifra.
Dos mil millones en 1928.
En menos de cincuenta años se volvió a doblar, 4.000 millones hacia 1975.
Duplicar de cuatro mil a ocho mil, nos ha llevado un espacio de tiempo parecido, casi medio siglo.
A comienzos de la era cristiana se estima que la población mundial era de unos 250 millones.
Entre el Medievo y 1750, la población creció a un ritmo mesurado.
Y se triplicó, llegando a los 750 millones.
La demografía se caracterizó por presentar altas tasas de natalidad y mortalidad.
Con la presencia periódica de epidemias y hambrunas.
La fertilidad era muy alta pero la esperanza de vida, baja.
Dependían de la producción agraria, cuya capacidad de crecer tenía unos límites que no podían rebasar.
A lo largo de la Edad Moderna, la población Europea creció.
Pero sin romper el ciclo de la demografía tradicional.
Sufriendo algunas crisis de subsistencias que hacían retroceder este aumento.
En la segunda mitad del siglo 18 el régimen demográfico empezó a cambiar en Inglaterra.
La clave fueron las mejoras en la medicina y en la higiene.
Que atenuaron los efectos de las hambrunas y redujeron la mortalidad.
Luego llegó la Revolución Industrial.
Las máquinas eran más eficientes.
Las capacidades de producción aumentaron notablemente.
Y se rompió el límite tradicional en el crecimiento humano.
Influyeron diferentes factores.
El aumento de los recursos alimentarios y un mejor conocimiento de cómo se propagaban las enfermedades.
Hubo algunas epidemias de cólera y gripe, pero se redujo considerablemente la mortalidad catastrófica.
Desde finales del siglo 19 bajó la mortalidad infantil.
Y la esperanza de vida mejoró.
Por fin se tuvo en cuenta la importancia de la higiene, la forma de transmisión de los microbios y, además, se desarrollaron las vacunas.
En esta transición demográfica, se reduce la mortalidad y descienden las tasas de nacimientos.
Se produce el control voluntario de la natalidad.
En general, esto se asocia al desarrollo urbano.
Pero también debido a factores de tipo educativo y cultural.
Europa fue la primera región que notó los efectos de la transición demográfica.
Entre 1800 y 1914 su población creció de 188 a 480 millones de habitantes.
Incluso, generó una gran emigración hacia otros continentes.
Cerca de sesenta millones de europeos marcharon, antes de 1914, hacia Estados Unidos, Canadá, Brasil o Argentina, entre otros destinos.
A mediados del siglo 20, este efecto se trasladó a las poblaciones de Asia, América Latina o África.
Y se dieron transferencias de tecnologías médicas.
Los emigrantes europeos aportaron nuevos medicamentos, como sulfamidas o antibióticos, vacunas o el empleo de plaguicidas en el campo a sus nuevos destinos.
La población mundial pasó de tener 5.000 millones en 1990 hasta los 8.000 que hemos alcanzado recientemente.
Destacan algunos países con una población enorme.
Los 1.400 millones de personas que viven en China o la India.
La India podría ser el país con más población hacia 2027.
Otro dato optimista es que la población en situación de pobreza extrema bajó, entre 1990 y 2008, del 57 por cien al 41.
En el cómputo global, el peso de Europa en el total mundial se ha reducido.
De un 24 por cien a un 6 entre 1900 y 2020.
Asia se ha convertido en la zona con mayor demografía.
Allí reside el 60 por cien de población mundial.
China, la India, Bangladés, Pakistán o Indonesia, son de los países con mayores concentraciones.
El declive demográfico occidental tiene consecuencias geopolíticas.
Hoy en día, hay tensiones con las migraciones y la apertura de fronteras.
Los países avanzados tienen una población cada vez más envejecida.
Grandes proporciones de personas mayores y muy baja de jóvenes.
En 2050 dos tercios de la población mundial vivirán en zonas urbanas.
Están surgiendo más megaciudades.
Mientras se degrada la calidad del aire y del agua.
Ya somos 8.000 millones de personas.
Veremos si afrontamos el reto de seguir con este ritmo de crecimiento.