DE DISEÑAR MISILES A INVENTAR LA BARBIE: LA HISTORIA DE JACK RYAN
Jack Ryan ideo un icono de la cultura mundial en 1959.
Un juguete que revolucionó el patrón de belleza.
Parece ser que el personaje de Ken se inspiró en el hijo de la dueña de Mattel, Ruth Handler.
Este se sintió humillado y avergonzado por tener un cuerpo bastante diferente al del popular muñeco.
Y vivió angustiado por ser una farsa de sí mismo.
La muñeca está inspirada en otra, Lilli.
El personaje de una historieta del periódico alemán Das Bild Zeitung.
La muñeca Lilli se vendía en bares y vestía lencería.
Durante unas vacaciones, Handler la descubrió en una vitrina, la compró y decidió copiarla, adaptándola a los gustos de los norteamericanos.
Quiso idear un modelo de mujer pensado para niñas de entre 9 y 12 años.
Jack Ryan tenía entrenamiento científico militar en materiales biodegradables.
Le hizo la cirugía plástica a Lilli y la estilizó.
Le quitó los labios turgentes, la adelgazó hasta niveles imposibles, reduciendo su cintura al grueso de un meñique.
Una vez lista, la presentó en traje de baño a la Feria del Juguete Americano de Nueva York.
Su imagen causó impacto.
A partir de ahí Barbie imitó a Jackie Kennedy, vistió minifalda, se fue al festival de Rock en Woodstock, calzó botas o bailó como una Go-go.
Hasta tenía amistades afroamericanas en tiempos de Malcom X.
Barbie fue empresaria en los 80, candidata presidencial en el 92 y ejerció unas 72 carreras.
Hoy está desempleada.
Jack Ryan obtuvo su título de ingeniero electrónico en Yale.
Participó en la invención de los cohetes Hawk y Sparrow III, incluso, fue precursor de los radio transistores.
Ruth Handler le encargó rediseñar a Lili y Jack trabajó para Mattel durante 18 años.
Durante ese tiempo creó muchos juguetes famosos para la empresa: Como la muñeca parlante Chatty Cathy o los Hot Wheels.
Jack patentó más de mil inventos y diseñó 35 de los mejores juguetes de la compañía.
La revista People le dedicó un reportaje en 1975 con motivo de su matrimonio con Zsa Zsa Gabor.
Ryan fue el sexto marido de la actriz húngara.
Jack adquirió una finca de 2.5 hectáreas con una mansión estilo Tudor.
La residencia fue toda una casa inteligente de la época.
Tenía una red de 150 teléfonos.
Activaba una catarata artificial, encendía las luces en la cancha de tenis y cerraba automáticamente las puertas del garaje.
Todo ello, con una vista panorámica increíble de Los Ángeles.
Según People, por allí circularon personajes de lo más variopinto: trovadores, quirománticos, músicos de calypso, echa cartas y una corte de aduladores.
Jack medía un metro cincuenta, tenía la nariz de un boxeador.
Dicen que a una de sus parejas le hizo ponerse implantes mamarios y someterse a una reconstrucción facial, para parecerse a la ojiazul rubia de ensueño.
Para exhibirla, modificó el asiento trasero de su Rolls-Royce, para que todo Beverly Hills admirase a su preciosa muñeca.
La obsesión llegó a niveles enfermizos.
Tanto, que una de sus esposas murió de anorexia, por tratar de encajar en este canon imposible.
Luego llegaría la ruptura con Mattel y las disputas legales por los derechos de Barbie.
Jack perdió y sus finanzas se resintieron.
Entonces comenzó su espiral de autodestrucción.
Cayó en una fuerte depresión y abusó de la cocaína.
Tirado en su cama, se puso a ver la televisión.
De pronto, Handler intervino en el programa para reclamar la invención de la Barbie.
Al final, en su autobiografía, la empresaria ni siquiera menciona a Ryan.
En su momento de esplendor, el club de fans de Barbie llegó a recibir el doble de cartas que cualquier actriz famosa de Hollywood.
Llegaron a venderse hasta dos unidades por segundo.
Y algunos coleccionistas pagan sumas desorbitadas por una edición limitada.
En 1989 Ryan sufrió una embolia que le paralizó el lado izquierdo del cuerpo.
Y se quedó en silla de ruedas y con problemas para hablar.
No pudo soportar este estado durante mucho tiempo.
Así que cogió el lápiz labial de su esposa y escribió en el espejo: Te amo.
Después se pegó un tiro.
Jack falleció el 13 de agosto de 1991.
El reinado de la Barbie seguiría su curso.
Hasta que la descarada Bratz, su Némesis, se cruzó en su camino.
Y más adelante, llegaron los videojuegos.
Los nuevos reyes del ocio.