LA LEYENDA DE ROBERT JOHNSON EL MÚSICO QUE PACTÓ CON EL DIABLO Y COMENZÓ EL CLUB DE LOS 27
Dicen que Robert Johnson era un músico mediocre.
A finales de los años 20 frecuentaba los juke joints.
Las cantinas en las que se tocaba el blues.
La música del diablo.
Robert trataba de impresionar a la audiencia con sus canciones.
Son House era uno de los músicos más respetados de la escena en aquél momento.
Y él recuerda que Robert solía merodear por los locales pidiéndole la guitarra para tocar durante los descansos.
Son afirmó que la harmónica se le daba bien al muchacho pero que con la guitarra dejaba mucho que desear.
Tanto, que los parroquianos se quejaban en cuanto comenzaba sus interpretaciones.
Johson se iba a un cementerio a tocar la guitarra de noche.
Ya que ese era el único lugar donde nadie se quejaría de lo mal que interpretaba.
Un buen día, Robert desapareció.
Nadie supo nada de él durante meses.
Johnson regresó en 1932.
Abrió la puerta de una de aquellas cantinas, sacó la guitarra….
Y tocó como nadie lo había hecho hasta ese momento.
Los asistentes presenciaron una técnica nueva, desconocida.
Una afinación extraña del instrumento… que dejó a todo el mundo con la boca abierta.
Le apodaron el mejor bluesman del mundo y surgió la leyenda.
La que cuenta que Robert acudió al cruce de caminos en Clarksdale.
Se halla entre la highway 61 y la 49.
Una vez allí, le habría vendido su alma al diablo a cambio de obtener talento para tocar el blues.
El propio Robert se afanó en alimentar la leyenda.
Sus letras hablaban del diablo.
De cómo le acompañaba al caminar o de que sus perros le perseguían en la oscuridad de la noche.
Su mentor, Son House se quedó sin palabras.
Cuando escuchaban a Johnson parecía como si sonaran dos guitarras a la vez.
Robert usaba un estilo sincopado, lleno de contrapuntos y tresillos.
Y dialogaba con la voz principal.
Para lograr ese efecto, creó el estilo picking.
Sus dedos de la mano derecha tocaban simultáneamente las cuerdas bajas.
Además, no sólo se valía de la afinación estándar, sino que empleó otros tres estilos para sus actuaciones.
Robert grabó 29 canciones entre 1936 y 1937.
Johnson tocaba a cambio de propinas.
Se movía de forma itinerante por la zona del Delta.
A cambio de su éxito artístico, su vida personal fue una sucesión de desgracias.
Nació en Hazlehurst en 1911.
Su padre fue un jornalero llamado Noah Johnson.
Quien dejó embarazada a su madre, mientras su marido, el carpintero Charles Dodds, huyó temporalmente del pueblo.
Charles se escapó de una presunta amenaza de linchamiento.
Robert se casó en 1929 con Virginia Travis, de 16 años.
Pronto se quedó embarazada.
Virginia tuvo que irse a la casa de su familia para dar a luz.
Mientras, Robert siguió ejerciendo de músico callejero.
Hasta reunir la suficiente cantidad que le permitiese visitar el hogar de su esposa.
Cuando lo logró, fue a visitar a Virginia.
Y se encontró con que la madre y el hijo habían fallecido en el parto.
Robert se casó una segunda vez con Esther Lockwood.
Y tuvo un hijo con ella, Robert Lockwood Junior.
Sin embargo, su familia le rechazó por dedicarse a tocar el blues.
Un género denostado por los predicadores.
El blues nació como una forma de afrontar la esclavitud.
Una manera de liberarse del odio, el racismo y del vudú que les aprisionaba.
La población más conservadora asoció el blues con un mundo lleno de alcohol y bailes que corrompían el alma.
Robert Junior no conoció la verdadera identidad de su padre hasta la edad adulta.
Robert Johnson sólo realizó dos sesiones de grabación.
Ambas fueron para la American Record Company.
La primera tuvo lugar en San Antonio.
En el Gunter Hotel, desde el 23 al 27 de noviembre de 1936.
Allí grabó 16 canciones y numerosas tomas alternativas.
El 19 y 20 de junio, tuvo lugar la segunda sesión.
Esta vez en un almacén de la compañía.
En esta ocasión se realizaron 13 grabaciones.
10 de las cuales, se publicarían en 1937 en discos de 78 rpm.
La leyenda cuenta que mientras tocaba, Robert miró a la pared.
Para que nadie viera su cara mientras interpretaba.
Todas las canciones originales y los descartes fueron recopilados en 1990.
El sello Columbia las incluyó en un disco.
La suerte parecía sonreírle, pero el diablo tenía que cobrarse su deuda.
Corría el verano de 1938.
Johnson estaba tocando junto a Honey boy en Greenwood, Mississippi.
Cuentan que Robert había entablado algo más que amistad con la esposa del dueño del garito.
Era una noche del sábado 13 de agosto.
De repente, alguien plantó una botella de Whisky en la mesa de los músicos.
Johnson quiso cogerla, pero Sonny Boy la tiró contra el suelo.
Sonny le advirtió a Johnson lo siguiente.
Nunca bebas de una botella abierta.
Efectivamente, el precinto estaba abierto.
Johnson le contestó que
Nunca me vuelvas a quitar una botella de Whisky de la mano.
Y le dio un buen trago a una segunda botella que le sirvieron con el sello roto.
Robert se intoxicó y se tuvo que marchar.
Tardaría dos días en morir envenenado.
Su música influyó en Mudy Waters, padre del Chicago Blues.
Sus acordes inspiraron a las notas del rock and roll.
Músicos de la talla de Eric Clapton, Bob Dylan o Jimi Hendrix, le rindieron tributo.
A principios de los 60, Keith Richards le mostró a Mick Jagger una de las grabaciones de Johnson.
El cantante le preguntó por la línea de bajo.
Entre risas, Richards le respondió que no había bajista.
El propio Johnson hacía la frase de bajo con el pulgar en las cuerdas graves.
Al mismo tiempo que tocaba la melodía en las agudas.
Otra parte de la leyenda dice que Johnson había firmado una actuación con la compañía que le representaba.
Su actuación ya había sido anunciada.
Tras conocer su muerte, la compañía puso un tocadiscos en medio del escenario.
De pronto, sonaron sus canciones y el público enloqueció.
Ni siquiera hizo falta la presencia del músico.
En 2012, la revista Rolling Stone situó sus grabaciones en el puesto 22 de su lista de los mejores discos de todos los tiempos.
Tras su fallecimiento, Robert Johnson se convirtió en el primer miembro del Club de los 27.
Cumplió su pacto.
Y su trayectoria cambió la historia de la música para siempre.