LOS TÓTEMS EL ARTE QUE TRANSMITE HISTORIAS
En bastantes películas, series de televisión o en animaciones, han surgido los Tótems.
Es decir, una gran columna de madera con un poste esculpido donde se representa a diversas figuras, desde rostros a animales.
Sin embargo, sabemos poco sobre ellos.
Muchos creen que son objetos sagrados que funcionan como un amuleto protector o que simbolizan el alma de deidades.
Pero, según Indigenous Foundations de la Universidad de la Columbia Británica, todo esto sería falso.
Los tótems son monumentos creados por las culturas indígenas del Pacífico noroeste, en Canadá o Estados Unidos.
Sirven para representar y conmemorar a los ancestros, a determinadas personas o eventos.
Los hay de varios tipos: los interiores fueron esculpidos en el tronco que sostiene el tejado.
Los frontales se situaban frente a la puerta como protección.
Los heráldicos contaban la historia de la familia.
Mientras que los funerales evocaban la vida de un fallecido.
Por otro lado, los caricaturescos se erigían para ridiculizar a los deudores.
Incluso, hay tótems de la vergüenza, creados para ridiculizar a una persona o grupo que fracasó en una determinada circunstancia.
Por último, otros se hicieron para celebrar festivales.
Cada tótem puede contener una o varias figuras de animales que representan a un clan en particular.
El lobo, águila, oso, orca, rana, cuervo o salmón son los más comunes.
En otros casos, los tótems pueden contar la historia o leyenda de una familia.
Donde cada figura tendría su significado, aunque los miembros de ese clan son los que nos pueden proporcionar la narración completa.
La palabra tótem proviene de ‘dodaem’, que en lengua ojibwa, una tribu asentada en el área de Wisconsin, Minnesota y Ontario, significa: pariente, hermano o hermana.
Estos postes tallados manifiestan una profunda relación entre los hombres y los animales.
Una antigua comunión entre lo humano con la naturaleza.
Figuras de poder animista que narran historias y acontecimientos previos a la colonización.
Y serían los últimos cronistas de estas culturas nativas.
Los postes estaban hechos a partir de un solo tronco de cedro rojo que se colocaba, por lo general, frente a los hogares de los clanes.
Cada efigie era labrada con sumo cuidado y luego la decoraban con pigmentos naturales.
Lo malo es que la madera es un material perecedero que tiende a degradarse.
Duran unos 100 años antes de que la madera empiece a pudrirse.
Y alcanzaron su máxima expresión, tanto de forma como de altura, en el siglo 19.
Los tótems miden entre 3 y 18 metros de altura.
El más alto se encuentra en el pueblo de Alert Bay en la Columbia Británica, Canadá.
Tras la colonización, algunos tótems fueron quemados, ya que consideraban que eran una manifestación demoníaca, contraria a la doctrina cristiana.
En su parte superior, suelen estar rematados con la figura del animal totémico de la familia o tribu.
Entre las tribus americanas se creía que cada pueblo descendía de algún animal en especial.
Y habrían adquirido ciertas características de este, hasta ser su protector.
La cultura de estos indígenas refleja el profundo vínculo que tenían con su entorno.
En el que cualquier elemento de la naturaleza estaba animado, espiritualmente vivo.
Los animales eran fundamentales para su existencia, así que formaron parte de sus mitos, creencias y costumbres.
El animal estaba cargado de energía hierofante, su posesión significaba poder.
Y poseer el objeto poderoso implicaba ‘salvación’.
Por supuesto, ellos pensaban que los animales eran superiores a nosotros en algunos aspectos.
Por ejemplo, si un colectivo tenía interés en obtener las cualidades del oso, como fortaleza y ferocidad, lo elegían como tótem.
El famoso antropólogo Lévi-Strauss cree que son fruto de la organización social de una comunidad, más que de un proceso religioso.
Para él, el tótem sería una proyección de sus estructuras mentales.
Un guía, una herencia, el testimonio de su lugar en el mundo.
Según el tamaño del árbol, hay obras que pueden tardar años en ser completadas, incluso con las herramientas modernas, que prefieren no usar y mantenerse fieles a la tradición.
Los indios norteamericanos piensan que el creador dotó a todas las cosas de un espíritu.
Un atributo que las hace sagradas y, por tanto, deben respetar todo lo que existen en la Madre Tierra.
Su extensa tradición explica las relaciones entre hombres, animales, plantas y la tierra.
Además, sus ceremonias y rituales sirven para afianzar el vínculo entre el mundo que habitan y el de los espíritus.
Algunas de sus historias cuentan que los animales ayudaron a la creación de la raza humana y nos enseñaron cómo vivir en unión con la naturaleza.
Los animales son los Hermanos de las personas y muchas tribus reafirman este vínculo con rituales.
Los indios pensaban que los animales antiguos podían transformarse en humanos a su voluntad y retornar de nuevo a su forma natural.
Tras la era de la creación, perdieron su capacidad de transformación y se convirtieron en las especies que vemos hoy en día.
Cada tribu tiene su propia historia relacionada con un animal totémico.
Los Hopi cuentan la leyenda de que saldrían a cazar y cada clan se pondría el nombre del primer animal que encontrasen.
De este modo, el Clan del Oso vería a este ejemplar en primer lugar.
El Clan del pájaro actuaba como mensajeros, los del ciervo eran rápidos corredores y los del Lobo eran guerreros.
Por supuesto, los representaron en sus ropas ceremoniales, tambores, sonajas o instrumentos mágicos.
En resumen, no hay que confundir el totemismo con la zoolatría, que considera a un animal como una divinidad.
El tótem es una concreción idealizada de las cualidades positivas del clan.
Un arte que nos transmite historias.