Próspera: biotecnología, impunidad y el paraíso de la eterna juventud y de las terapias sin regulación.
— Próspera.
— Una isla.
— Un experimento.
— Y una pregunta incómoda flotando en el aire.
— En Roatán, Honduras, menos de medio kilómetro cuadrado se ha convertido en un Estado dentro del Estado.
— Un lugar donde las leyes son opcionales y el mercado manda.
— Aquí no hay apenas impuestos.
— No hay regulaciones sanitarias.
— Y la burocracia es vista como una enfermedad a erradicar.
— Sus creadores lo llaman libertad.
— Sus críticos lo llaman huida.
— Próspera es el sueño húmedo del liberalismo radical.
— Una ideología que ve al Estado como el problema y al dinero como solución universal.
— El proyecto fue autorizado por Juan Orlando Hernández.
— Expresidente de Honduras.
— Hoy condenado a décadas de cárcel por narcotráfico.
— La paradoja empieza fuerte.
— Al entrar en Próspera firmas un permiso temporal.
— Aceptas un código legal privado.
— Renuncias, de facto, a la jurisdicción hondureña.
— Guardias armados vigilan la entrada.
— Dentro, coworking de diseño.
— Torres residenciales de lujo.
— Y una fábrica futurista donde robots transforman madera en edificios.
— Todo muy eficiente.
— Todo muy limpio.
— Todo muy exclusivo.
— Los inversores no son cualquiera.
— Marc Andreessen.
— Peter Thiel.
— O Brian Armstrong, el ‘criptozar’ de Coinbase.
— 120 millones de dólares canalizados a través de paraísos fiscales.
— Capital global.
— Responsabilidad local cero.
— Allí se organizan charlas sobre cómo “hacer la muerte opcional”.
— Biohackers se someten a terapias génicas experimentales.
— Sin aprobación sanitaria.
— Sin ensayos clínicos regulados.
— Si algo sale mal, lo cubre un seguro.
— Como si el cuerpo humano fuera un coche de alquiler.
— La filosofía está clara.
— Que el mercado decida qué es demasiado arriesgado.
— Pero el mercado no sufre.
— No enferma.
— No muere.
— Vitalia, la comunidad de la longevidad, atrae a millonarios obsesionados con vencer al tiempo.
— Bryan Johnson viaja allí para probar tratamientos que ningún país autorizaría.
Por ejemplo, podrían estar llevando a cabo:
— Terapias génicas experimentales sin ensayos clínicos.
— Edición o activación de genes sin autorización sanitaria.
— Prohibidas fuera de estudios regulados en casi todo el mundo.
— Inyecciones de telomerasa.
— Buscan alargar los telómeros para frenar el envejecimiento.
— Asociadas a riesgo elevado de cáncer.
— Tratamientos con plasma sanguíneo “rejuvenecedor”.
— Transfusiones o infusiones con plasma de donantes jóvenes.
— Sin evidencia sólida y con riesgos inmunológicos.
— Uso off-label extremo de fármacos experimentales.
— Medicamentos no aprobados para humanos o sin indicación médica.
— Administrados fuera de protocolos clínicos.
— Implantes y dispositivos biomédicos no certificados.
— Chips, sensores o sistemas de monitorización interna.
— Sin homologación ni seguimiento médico independiente.
— Terapias con células madre no autorizadas.
— Inyecciones de células sin trazabilidad ni controles de seguridad.
— Muy restringidas o prohibidas en EE. UU. y la UE.
— Tratamientos hormonales radicales antienvejecimiento.
— Combinaciones agresivas de testosterona, HGH e inhibidores metabólicos.
— Dosis y mezclas fuera de guías médicas.
— Protocolos de “optimización biológica” sin supervisión clínica.
— Mezclas de fármacos, suplementos y sustancias experimentales.
— Diseñados por empresas privadas, no por sistemas públicos de salud.
— Autoexperimentación médica contractual.
— El paciente firma que asume todos los riesgos.
— La responsabilidad se traslada al individuo.
— Ensayos humanos sin comité ético independiente.
— No hay revisión por agencias regulatorias.
— No hay obligación de publicar resultados negativos.
— Terapias de longevidad basadas en hipótesis no demostradas.
— La pregunta es inevitable.
— ¿Es progreso… o es impunidad con bata blanca?
— Próspera es una ZEDE.
— Una figura legal que permite leyes propias.
— Policía propia.
— Tribunales propios.
— Tres jueces jubilados de Arizona dictan sentencias por videoconferencia.
— Justicia externalizada.
— Como un servicio en la nube.
— Las empresas pueden elegir qué leyes cumplir.
— Entre 36 países distintos.
— O escribir las suyas desde cero.
— No les piden licencias.
— y no les piden permisos.
— Solo dinero.
— Pero cuando todo es negociable…
— ¿qué pasa con los derechos?
— La nueva presidenta de Honduras, Xiomara Castro, ha declarado la guerra a las ZEDE.
— El Tribunal Supremo las considera inconstitucionales.
— La respuesta de Próspera no ha sido el diálogo.
— Sino una demanda.
— De 11.000 millones de dólares.
— Un tercio del PIB del país.
— Por “beneficios futuros perdidos”.
— Como si un país fuera una startup fallida.
— Desde Washington, algunos congresistas presionan para proteger el experimento.
— El laboratorio de la eterna juventud no está solo.
— Está bien conectado.
— Paul Romer, Nobel de Economía, defendió estas ideas.
— Hoy dice que Próspera ha perdido el rumbo.
—Y se parece más a una comunidad cerrada, haciendo lo que quiere.
—Aun así, el modelo se exporta.
— Próspera África ya está en marcha.
— La gran cuestión no es técnica.
— Es moral.
— ¿Puede una élite comprar su propia legalidad?
— ¿Puede la riqueza suspender derechos básicos?
— ¿Hasta dónde llega la libertad cuando no hay contrapesos?
— Porque cuando todo se privatiza…
— También se privatiza el riesgo.
— Y el daño.
— Y las consecuencias.
— Próspera no es solo una ciudad.
— Es un espejo.
— Y lo que refleja no es el futuro.
— Es hasta cuanto estamos dispuestos a mirar hacia otro lado.