LOS RESTOS DE THEIA SIGUEN EN LA LUNA Y BAJO NUESTRO PLANETA
Hace más de 4.500 millones de años, un protoplaneta llamado Theia, golpeó la tierra.
Se piensa que Theia tendría un tamaño similar a Marte.
El resultado de este impacto fue la formación de la luna.
La inmensa cantidad de escombros producidos por esta gran colisión formó una densa nube de residuos.
Esta nube se situó alrededor de nuestro mundo.
Obedeciendo a las leyes de la gravedad, estos restos se fueron uniendo.
Y el resultado fue la formación de nuestro satélite.
Ahora, un equipo de científicos tiene otra propuesta.
Los restos de Theia también se podrían encontrar enterradas en el manto de la tierra.
Existen dos capas que se hallan debajo de África Occidental y en el Océano Pacífico.
Se sitúan a cada lado del núcleo.
Como si fuesen un par de auriculares.
Cada capa mide aproximadamente 1.000 km de alto.
Las ondas de los terremotos disminuyen cuando atraviesan estas capas.
Esto quiere decir que son más densas.
Y que tienen otra composición química diferente a la del manto terrestre.
Estos restos podrían ser los que producen que se debilite el campo magnético de la tierra.
La conocida como Anomalía del Atlántico Sur.
Estas masas gigantes son conocidas como LLSVP por sus siglas en inglés por los sismólogos.
Y que podríamos traducir como: provincias grandes de baja velocidad de corte.
Los investigadores presentaron sus estudios y simulaciones mediante modelos informáticos.
Sus conclusiones se vieron en la Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria.
Según su hipótesis, los fragmentos antiguos del manto de Theia se hundieron en el de la tierra.
El manto de Theia sería más denso y rico en hierro.
Las simulaciones demuestran que al ser más denso que el de la tierra, los restos terminaron apilados cerca del núcleo terrestre.
Tiene su lógica si pensamos que el tamaño del manto y los LLSVP sumados, tendrían seis veces más masa que la propia luna.
Todavía faltan pruebas para resolver esta nueva teoría.
Para encontrar las respuestas habría que analizar la lava de Islandia y Samoa.
Ver su composición geoquímica.
Y compararlas con las del manto de la luna.
De momento, no hemos recogido muestras del manto lunar, sólo de su superficie.
Como hicieron las misiones del Apolo.
Los científicos saben que hay un cráter muy profundo en el polo sur de la luna.
La Nasa y China ya están interesados en investigarlo.
Se podría enviar un robot espacial para que recogiese muestras del interior de ese cráter lunar.
Y nos servirían para ver si tienen la misma composición que los fragmentos que nos quedan de Theia debajo de la tierra.
Sin duda, el destino de la tierra y el de Theia se unieron.
Hay mucho de Theia en la luna y debajo de nuestro planeta.
Una búsqueda de años
Estos hallazgos fueron presentados la semana pasada en la 52 Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria celebrada de manera virtual. Actualmente se encuentra en revisión por los expertos, pero ciertamente sería un hallazgo de suma importancia para conocer el origen de la Tierra.
Desde hace muchos los sismólogos de todo el mundo estudian varias manchas que se encuentran debajo del Océano Pacífico y África Occidental. Tienen unos 1.000 kilómetros de altura y están situadas sobre el núcleo terrestre.
«Aquí, demostramos que el manto de Theia puede ser intrínsecamente varias veces más denso que el manto de la Tierra, lo que permite que los materiales del manto de Theia se hundan hasta el manto más bajo de la Tierra y se acumulen en pilas termoquímicas que pueden causar las LLSVP (grandes provincias de baja velocidad de corte o superplumas) observadas sísmicamente» explica en su estudio Quan Yuan, coautor del trabajo y miembro del Arizona State College.
Este hallazgo no deja con claridad el origen de Theia, pero podría demostrar que las LLSVP representan fragmentos antiguos del protoplaneta que colisionó con la Tierra y formó finalmente la Luna.
Esto, además, sucedió cuando los dos mundos se encontraban en una fase de desarrollo por lo que nuestro mundo podría seguir teniendo restos de esta colisión en su manto más profundo.
Theia en la Tierra
Esta teoría de un Theia masivo explicaría también la enorme escala de las LLSVP, por lo que Theia se habría fusionado con el núcleo de nuestro planeta después del momento de la colisión.
A pesar de esto, la investigación está en curso y queda mucho camino, según los investigadores, para afirmar que fragmentos de este protoplaneta se podrían encontrar también en la Tierra.
Hace mucho que no les cuento ninguna batallita. Solía hacerlo antes, eligiendo aquéllas que encerraban lecciones morales resumibles en una: el contraste entre los reyes, políticos y gobernantes, y la admirable tenacidad, el valor y la entereza desesperados con que los infelices españolitos de turno se fueron dejando, durante siglos, la piel en cada episodio. Puestos a que se la arranquen a uno, concluían, al menos vendámosla cara. Hace poco publiqué una novela precisamente sobre eso, que alguno de ustedes habrá leído. Así que iré al grano.
Hoy le toca a las lomas de San Juan, verano del 98, desastre de Cuba. En aquellas alturas, mientras los restos de la América española se iban al carajo para convertirse en América norteamericana, 500 compatriotas nuestros recibieron la orden de resistir a toda costa para cortar al enemigo el paso hacia Santiago, donde estaba bloqueada la escuadra. Los atacantes en ese lugar eran 8000 norteamericanos: dos divisiones bien pertrechadas. Uno de sus oficiales fue el después presidente Theodore Roosevelt, que compartía con sus hombres el desprecio, anglosajón de toda la vida, hacia esos españoles bajitos, morenos, flacos y abandonados por la metrópoli, roídos por el hambre, la fiebre y las penurias, que llevaban once meses sin cobrar una paga. Así que los gringos se lanzaron al asalto con la chulería habitual, dispuestos a resolver rápido la penúltima papeleta de una guerra que ya tenían ganada. Cuestión de un rato, dijeron. Así que empezaron a subir. Ignorando –y se iban a enterar pronto– que no hay nada más peligroso que un español acorralado con una blasfemia en la boca y un arma en las manos.
Y vaya si se enteraron. Apretando los dientes y dispuestos, ya que su mala suerte y los políticos de Madrid los habían puesto allí arriba, a no regalar a los gringos la merienda, los españoles hicieron de aquel lugar sus Termópilas y se defendieron como fieras, igual que en otro combate simultáneo que tuvo lugar en el cercano pueblo de El Caney; donde, luchando uno contra doce, el general Vara de Rey –eran otros tiempos, los del cuplé– murió combatiendo al frente de sus hombres. En favor de aquellos duros jefes y oficiales hay que reconocer que, forjados en las guerras carlistas y las campañas contra las insurgencias americanas, conocían su oficio. Eran templados y profesionales, o sea. Tenían su puntito y un par de huevos. Así que entre unos y otros, desde las 08:20 hasta las 12:00 del mediodía, dieron a los norteamericanos que atacaban las lomas de San Juan una primera somanta de hostias que los dejó temblando. A ellos, sí. A los que salen en las películas.
Según confesaron los mismos gringos, fue un matadero. El propio Roosevelt, en unas memorias en las que se pintaba como un superhéroe que se comía las balas sin pelar, reconoció que «los españoles demostraron ser unos valientes enemigos, dignos de honor en su tenacidad». Y, bueno. Eso del honor, pretexto de tanta infamia en Cuba y fuera de ella, hace pensar en lo que dijo Unamuno: «Cuando en España se habla de cosas de honor, un hombre sencillamente honrado tiene que echarse a temblar». Pero teniendo en cuenta que lo otro lo escribió un fanfarrón del calibre de Roosevelt, aceptamos pulpo como animal de compañía. El caso es que los norteamericanos fueron frenados por un fuego infernal, con pérdidas enormes, negándose algunas unidades a avanzar. A las 13:00 se lanzó un nuevo asalto sobre la colina principal con dos regimientos apoyados por artillería y tres modernas ametralladoras que hicieron una carnicería en las trincheras españolas. Al fin, los defensores que aún podían caminar tuvieron que retirarse poco a poco, sin dejar de pelear, a la segunda línea de defensa. Y todavía, cuando tras alfombrar con cadáveres propios la subida a las lomas los norteamericanos ocuparon éstas, los españoles intentaron un contraataque para recuperarlas, mandado por el capitán de navío Bustamante, que murió al ser casi aniquilada su unidad. Aquel día en las lomas de San Juan nuestros compatriotas tuvieron 58 muertos y 170 heridos. Pero los norteamericanos lo pagaron caro: 216 muertos y 1180 heridos. Más o menos, como la primera oleada de la playa Omaha de Normandía, el 6 de junio de 1944.
Imaginen ahora que todo el valor, la tenacidad, la capacidad de sacrificio de aquellos pobres soldaditos españoles se hubiera puesto al servicio del trabajo, la cultura y el progreso de la patria indiferente que esos mismos días prestaba más atención al cartel de la corrida del domingo que a las noticias de Cuba, en vez de malgastarse, para nada, en una guerra que ya estaba perdida. En unas lomas lejanas que no importaban a nadie. En esa colina de San Juan que, como tantas otras cosas, hace mucho hemos olvidado.
Hay una parte de Internet a la que usted no tiene acceso con sus buscadores habituales. Y no es pequeña. Se calcula que es quinientas veces más grande que la web superficial, aunque nadie lo sabe con exactitud. Por Carlos Manuel Sánchez.
Para entrar en ella, existen diversas puertas. Una de ellas se llama Tor. Allí habitan archivos militares, informaciones gubernamentales cifradas… y también la cara más delictiva, oscura y perversa del ser humano.
Eric Eoin Marques, un irlandés de 28 años, vivía en la casa de sus padres en Dublín y llevaba una vida solitaria, casi ascética. No terminó los estudios, pero ganaba más que su padre, arquitecto. Su negocio: un servicio de alojamiento en Internet que garantizaba el anonimato a sus clientes porque operaba en la deep web, la zona profunda y oscura de la Red, también conocida como el ‘inframundo’ o las ‘cloacas’; un gigantesco búnker digital inexpugnable, incluso para la Policía y los servicios de inteligencia de los gobiernos. O eso se creía…
Marques estaba preocupado. Como Edward Snowden el exagente de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) que se chivó del espionaje planetario de las comunicaciones por parte de los Estados Unidos-, estaba pensando en solicitar asilo en Rusia. Pero no tuvo tiempo. La Policía irlandesa lo detuvo en a petición del FBI. Acusado de permitir el hospedaje de páginas de pederastia y blanqueo de dinero. Y descrito como el mayor proveedor de pornografía infantil del mundo. Con su arresto dejaron de funcionar cientos de sitios pedófilos. Pero también cayeron otros servicios no necesariamente fraudulentos, como sistemas de correo electrónico cifrado que permiten comunicarse a criminales, sí, pero también a los disidentes en países dictatoriales o a cualquier hijo de vecino que no quiera que su jefe o su cónyuge fisgue en sus e-mails. Y lo más interesante: cayó el mito de la invulnerabilidad de la deep web.
¿Pero qué es la ‘deep web’? Básicamente, lo que Google no ve. Todo aquello que se escapa al radar de los motores de búsqueda: información clasificada, bases de datos protegidas…Los buscadores no pueden indexar estas páginas, bien porque no pueden acceder a ellas, por ser de pago y/o necesitar contraseña; bien porque ni siquiera saben que existen, al estar diseñadas en formatos invisibles para los robots rastreadores. El término lo acuñó el analista Mike Bergman, que compara las búsquedas en Internet con la pesca. “Solo capturas los peces que hay en la superficie; para pescar en las grandes profundidades no basta con navegar, tienes que ponerte un traje de buzo y bajar con un arpón”.
Buscar en la ‘Deep Web’ no tiene nada que ver con googlear. Requiere el esfuerzo de consultar directorios y foros donde se proporcionan enlaces a estas páginas. Muchos de estos links quedan obsoletos en días o incluso horas por motivos de seguridad. A veces, es como buscar una aguja en un pajar… a oscuras.
Y el pajar es inmenso. ¿Cómo de grande? La última estimación fiable data de 2001 y calculaba que la deep web contenía unas 500 veces más datos que la Internet superficial. En la actualidad, ni se sabe.
Como en la viña del Señor, en la deep web hay de todo. Bibliotecas y hemerotecas completas, bases de datos universitarias, información militar y financiera, informes confidenciales, imágenes censuradas… También tiene un lado siniestro. “Permite satisfacer una necesidad genuina de anonimato, pero los cibercriminales se han aprovechado para convertir la ‘deep web’ en una plataforma de oscuridad que les da una ventaja sobre las autoridades y las leyes”, expone Jacob Thankachen, experto en seguridad.
Se puede comprar drogas, contratar sicarios, hackear cuentas, descargar vídeos atroces… También es un ecosistema propicio para compartir perversiones e ideologías extremistas o para aleccionar a terroristas. Y, como todo lo oculto, genera sensacionalismo. teorías conspiranoicas y leyendas urbanas sobre ovnis, la ubicación de la Atlántida o peleas a muerte en directo con apuestas millonarias… Todo depende de las intenciones del usuario.
¿Cómo se accede la deep web? La puerta de entrada más utilizada (aunque no la única) es Tor, acrónimo de The Onion Router (‘el encaminamiento de la cebolla’). Tor es una aplicación que se puede descargar en el ordenador o en el móvil y proporciona un entorno que, en teoría, protege el anonimato de los internautas. Sirve para navegar, enviar correos y comprar y vender sin dejar rastro. El nombre alude a la cebolla, pues está formado por muchas capas. Cuando usted usa Internet, lo normal es que su ordenador se conecte al servidor de la página que quiere visitar. El servidor anota su dirección IP (que lo identifica y localiza) y envía de vuelta la página buscada. Observar todo este tráfico es sencillo para una agencia del gobierno o para un hacker. Tor dificulta ese espionaje mediante la introducción de intermediarios.
Funciona así. cuando un cliente se conecta, solicita a un servidor los nodos disponibles (hay miles por todo el mundo). Su petición va rebotando de un nodo a otro y saltando de país en país de manera aleatoria; la información del ordenador (la dirección IP y otros datos críticos) es sucesivamente cifrada y modificada entre cada eslabón hasta que llega al destino final. Un espía puede ver lo escrito, pero no quién lo escribe ni desde dónde. Es decir, se puede interceptar el mensaje, pero no ‘matar’ al mensajero. Y en algunos países lo de matar no es una metáfora.
Para navegar con Tor, hay que armarse de paciencia. Va muy lento, también el aspecto de las páginas resulta ‘retro’. Su dominio: ‘punto onion’
Con tanta vuelta y revuelta, para navegar con Tor hay que armarse de paciencia. Va muy lento. Es como volver a los años noventa, cuando Internet funcionaba con módem. También el aspecto de las páginas es ‘retro’. No se trata de las habituales ‘punto com’ de la web tradicional, su dominio es ‘punto onion’ y las direcciones se componen de 16 caracteres alfanuméricos. Por ejemplo, para acceder a The Hidden Wiki (‘la Wiki oculta’), que funciona como un directorio o listín de páginas de la deep web muchas de ellas, delictivas, hay que teclear zqktlwi4fecvo6ri.onion. Desde allí se pueden enlazar sitios que ofrecen descargas ilegales de películas y música; servicios financieros ‘especiales’, como blanqueo de divisas o venta de billetes falsos de 50 euros, foros de pederastas…
Tor también tiene un lado positivo: permite que activistas, blogueros y ciudadanos en países autoritarios, como Irán, puedan publicar sus opiniones.
Pero Tor tiene también usos positivos, como permitir que activistas, blogueros y ciudadanos en países autoritarios, como Irán, puedan publicar sus opiniones sin miedo a represalias. Tor sirvió de escudo protector a los que organizaban las protestas de la Primavera Árabe. Wikileaks es un caso paradigmático. Esta organización que publica documentos filtrados con contenido sensible operó en esta plataforma en sus comienzos y también cuando fue vetada por la mayoría de los servidores de las webs de superficie.
El origen de Tor se remonta a 2003. Es una evolución de un proyecto de telecomunicaciones militares creado por científicos del Laboratorio de Investigación Naval de los Estados Unidos. Pero en la actualidad está en manos de una organización civil sin ánimo de lucro ubicada en Massachusetts y orientada al derecho a la privacidad. Curiosamente, entre los que aportan fondos para su financiación están Google y el Departamento de Defensa estadounidense, lo que levanta no pocas suspicacias.
El software es libre y gratuito y ha sido descargado por decenas de millones de usuarios. “Los peligros de la Red pueden parecer difusos para la mayoría de los norteamericanos, pero para mucha gente en el mundo visitar páginas de acceso restringido o el simple hecho de decir algo polémico en un correo electrónico puede llevarlos a la cárcel o a la muerte”, proclama Jacob Appelbaum, hacker y portavoz del proyecto Tor. Appelbaum confiesa que está obsesionado con el anonimato de las comunicaciones. “Nunca puedes recuperar la información una vez ha sido mostrada. Y se requiere poca información para arruinar la vida de una persona”, declaró a la revista Rolling Stone. “Tor no debería ser considerado como algo subversivo, sino necesario. Todo el mundo debería ser capaz de hablar, leer y formarse sus propias opiniones sin ser controlado. Debería llegar un momento en el que Tor no sea considerado como una amenaza y que la sociedad confíe en él. Cuando eso pase, habremos ganado”, añade.
Pero ese momento está lejos de llegar. Tor se ha convertido en el escenario de una batalla formidable que enfrenta a delincuentes y agencias de seguridad. Y entre las víctimas colaterales de esa guerra sucia digital están, precisamente, la libertad de expresión y el derecho a la intimidad de la ciudadanía.
En los foros se especula que la NSA ha descubierto una vulnerabilidad en el sistema para infiltrarse. También se dice que Tor puede estar siendo boicoteado con un ataque de origen misterioso. El conocido hacker español Chema Alonso advierte de que ya existen métodos para rastrear las conexiones de Tor y localizar a clientes, y con el análisis de los datos detectar las direcciones IP. Esto explicaría las últimas detenciones. La red TOR ya no es ese refugio de anonimato que se pensaba que era , sentencia Alonso, que usa medidas de seguridad extremas e incluso tiene tapada las webcams de sus ordenadores con cinta aislante.
En la deep web se está viviendo una especie de histeria colectiva y sus usuarios se recomiendan unos a otros tomar todo tipo de precauciones.
En la ‘deep web’ no se paga con dólares, euros o yenes… La moneda oficial se llama bitcoin, una divisa digital y cifrada que no deja huella.
En la ‘Deep Web’ no se paga con dólares, euros o yenes. La moneda oficial se llama ‘bitcoin‘ y es una herramienta de pago potencialmente irrastreable. Se trata de una divisa digital, cifrada, descentralizada y que permite transacciones anónimas y seguras, sin dejar huellas, a diferencia de lo que ocurre cuando se paga con tarjeta de crédito o Paypal. Aunque su valor respecto al dólar o el euro sufre altibajos, cada vez cuenta con más usuarios. Hace cuatro años se necesitaban 10.000 bitcoins para comprar una pizza de unos 18 euros, suponiendo que el pizzero aceptara el pago en bitcoins, algo bastante improbable, porque fuera del mundo virtual la moneda apenas tiene incidencia. Pero en Internet causa furor y hoy una sola bitcoin se cotiza a 68 euros. Se calcula que existen unos 11 millones de bitcoins circulando en la Red, por un valor de mil millones de dólares. Wikileaks, por ejemplo, acepta donativos en dicha divisa.
En teoría, cualquiera puede fabricar bitcoins. No hay un banco central que la emita. Hace falta uno o varios ordenadores potentes y programarlos para resolver una serie de problemas matemáticos complejos. En la jerga, esto se denomina ‘minería de bitcoins’. El pago por resolver cada problema es una bitcoin. Pero las bitcoins también facilitan el lavado de dinero, la evasión de impuestos y la compra de mercancías ilegales. Como todo en Internet, y más aún en ese territorio salvaje que es la ‘deep web’, las mejores intenciones y los peores instintos están en conflicto permanente.
LOS CREADORES DEL ‘INFRAMUNDO’
Roger Dingledine. El inventor de TOR
Desarrolló junto con Nick Mathewson y Paul Syverson un sistema de comunicaciones secretas para la Marina de los Estados Unidos usando capas de protección como una cebolla (Tor es el acrónimo de The Onion Router, ‘el router de la cebolla’). Luego pasó al dominio público. El programa Tor está abierto. Los ‘malos’ pueden introducir vulnerabilidades, pero cualquiera puede inspeccionar el software y resolver los fallos. Tendríamos problemas si la NSA inserta un código malicioso que nadie reconozca .
Jacob Appelbaum. El activista de la ‘deep web’
Experto en seguridad informática y hacker. Viaja por el mundo explicando las ventajas de Tor a activistas políticos y opositores a regímenes autoritarios. Ha sido detenido doce veces por los agentes de Aduanas de los Estados Unidos al regreso de sus viajes. Los buscadores habituales lo saben todo sobre todo el mundo. Guardan suficiente basura para arruinar cada matrimonio estadounidense. Si se lo proponen, podrían derribar cualquier gobierno. Me aterra ese poder .
Ian Clarke. El fundador de FreeNet
La deep web es vasta y heterogénea y a ella no solo se accede mediante el programa Tor. Uno de los pioneros fue el irlandés Ian Clarke, que diseñó FreeNet, un sistema para distribuir archivos, navegar y gestionar páginas en Internet de manera anónima. Fue su tesis en la Universidad de Edimburgo, donde estudió Inteligencia Artificial. No tuvo una buena calificación, pero publicó el código en 2000 y tuvo un éxito masivo.
Gary McKinnon. El ‘hacker’ de las profundidades
Es un hacker británico cuyo apodo es Solo. Los Estados Unidos lo acusan de haber perpetrado el mayor asalto informático a su sistema militar de todos los tiempos , en 2001. Desde entonces, el Gobierno estadounidense ha estado pidiendo su extradición al Reino Unido, que se ha negado. Se hubiera enfrentado a 70 años de cárcel por un delito de terrorismo. McKinnon alega que solo buscaba información sobre ovnis.
Biden, el presidente más veterano de la historia de Estados Unidos, no está solo. Los grandes líderes políticos de Washington rondan o superan los 80 años. Desde el presidente de los Estados Unidos, pasando por Mario Draghi hasta la reina Isabel II de Inglaterra, la gerontocracia goza de buena salud en una importante parte de Occidente, te explicamos por qué. Por Ixone Díaz Landaluce/Fotos: Getty Images y GTRES
Desde niño, cuando pasó horas y horas recitando poesías ante el espejo para superar una tartamudez severa, la perseverancia ha sido el rasgo dominante del carácter de Joe Biden. Convertirse en presidente de Estados Unidos era su ambición desde la década de los ochenta. Y, después de intentarlo en tres ocasiones, lo consiguió en enero, a los 78 años, cuando se convirtió en el líder con más edad en jurar el cargo en su primer mandato.
Gerontocracia en EE.UU, la nueva política 1
Jose Biden, presidente de los Estados Unidos, 78 años.
Aunque un estudio publicado en el Journal of Active Aging ha estimado que tiene un 95,2 por ciento de posibilidades de sobrevivir a su primer mandato, su edad (pero también su tendencia al lapsus y su extenso historial médico) ha puesto en el foco la gerontocracia que gobierna Estados Unidos. Porque no es solo él. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, cumple 81 este mes; Mitch McConnell, líder Republicano en el Capitolio, tiene 79; y Janet Yellen, nueva secretaria del Tesoro y quinta en la línea de sucesión presidencial, soplará 74 velas en agosto.
No siempre ha sido así. De hecho, la reciente historia norteamericana está llena de líderes jóvenes. Clinton juró el cargo a los 46; George W. Bush, a los 54; y Obama, a los 47. Kennedy, que se instaló en la Casa Blanca con 43, sigue siendo el más joven. Pero qué ha ocurrido en el último lustro? «Nada extraño -explica Raul Magni Berton, autor de varios estudios sobre el fenómeno-. Hay más gente mayor, los jubilados votan más que los jóvenes y lo hacen a gente de su edad».
En épocas de miedo e incertidumbre, la experiencia asociada a la edad cotiza al alza en las elecciones, sugieren algunos analistas
Según el think tank con sede en Washington Pew Research Center, la media de edad de los votantes en Estados Unidos es de 50 años. En 1996 era de 44. Algunos analistas sugieren, además, que en épocas de miedo e incertidumbre la experiencia asociada a la edad cotiza al alza electoral. «Es un factor que los votantes valoran, pero no es el único», explica Magni Berton, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Grenoble.
Trayectoria o chequera
Y la historia reciente le da la razón. Trump, sin ir más lejos, tenía 70 al llegar a la Casa Blanca, pero ninguna experiencia en gestión pública. «Ser mayor suele ser una desventaja en las competiciones electorales que se compensa porque son candidatos que tienden a retirarse antes -razona el experto-. Por ejemplo, si eres demócrata y no te gustan ni Biden ni Elizabeth Warren, prefieres a Biden porque es más probable que no encadene dos mandatos».
Los sistemas presidenciales son más dados a ‘producir’ líderes mayores. En los parlamentos, los partidos tienen más control sobre los candidatos y prefieren líderes jóvenes y fotogénicos
Pero hay otras explicaciones. Para empezar, los sistemas presidenciales premian la jerarquía y son más dados a ‘producir’ líderes mayores. Entre los parlamentarios, en cambio, los partidos tienen más control sobre los candidatos y, por razones estratégicas, suelen preferir líderes jóvenes y fotogénicos.
En los sistemas presidencialistas, «el proceso depende más del candidato y de qué recursos tiene este a su alcance», explica Kaare Strom, profesor de la Universidad de California en un artículo de The New York Times. Esos ‘recursos’ pueden ser grandes fortunas (como en el caso de Trump y McConnell) o expedientes de servicio público impresionantes como el de Biden, tras cuatro décadas en el Senado y ocho años como vicepresidente.
Algunos expertos apuntan también al factor generacional. Aunque ni Biden ni Pelosi ni McConnell son baby boomers, pues nacieron antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, su juventud y su vida adulta han estado marcadas por un prolongado periodo de prosperidad que les habría permitido posicionarse mejor, perpetuarse en sus cargos y comprometerse con la transformación social.
A Biden, por ejemplo, su perfil moderado (se ha definido como «demócrata conservador») le ha ayudado a navegar las aguas de su partido durante medio siglo hasta llegar al Despacho Oval. Y lo mismo puede decirse de Pelosi, la actual presidenta de la Cámara. Aunque iba para ama de casa (se casó con 23 años y tuvo cinco hijos antes de los 30), en 1987 ya era congresista. Sin temor a marcar perfil propio (criticó con dureza la intervención en Irak) y manteniéndose neutral en los procesos de primarias, fue ganando peso en Washington hasta convertirse, en 2007, en la primera mujer en presidir el Congreso.
Gerontocracia en EE.UU, la nueva política
Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, 80 años
Por su parte, el líder de los Republicanos, McConnell, ha hecho gala de una capacidad extraordinaria para adaptarse a los escenarios cambiantes de la política de su país. Percibido durante una época como un gran forjador de pactos, con Obama se ganó a pulso la fama de obstruccionista y con Trump no tuvo reparos en convertirse en el facilitador del presidente más controvertido de la historia.
Kamala Harris, en el horizonte
¿Pero tienen futuro las gerontocracias? «En Occidente sí porque cada vez tenemos poblaciones más mayores», dice Magni Berton. Pero, de momento, el fenómeno solo afecta de manera significativa a Estados Unidos. De hecho, en la mayoría de los países de la OCDE, la edad media de los líderes políticos (54 años) se ha reducido de forma constante en medio siglo. Hay quien cae en la tentación de equiparar gerontocracia con decadencia o establecer comparaciones odiosas con la clase dirigente que gobernó la última etapa de la URSS, pero lo importante no es tanto la edad de quien gobierna, sino que los más jóvenes tengan espacio y oportunidades de liderar sus propios proyectos políticos. Figuras tan prominentes como la de Alexandria Ocasio-Cortez, de 31 años, demuestran que es posible. Al menos, en teoría.
«Necesitamos un nuevo liderazgo», desafió en diciembre la joven estrella demócrata sin dar nombres. No hacía falta, claro. Pero cuando Nancy Pelosi revalidó en enero su mandato como presidenta de la Cámara a sus 81 años, ninguna joven promesa del partido se atrevió a desafiar su candidatura. «Yo no estoy lista. No puedo ser yo», se excusó Ocasio-Cortez. Quizá porque, pese a las críticas, cualquiera que aspire a relevar a Pelosi deberá hacer méritos para competir con su energía y su tirón mediático.
Instigadora de los dos procesos de impeachment abiertos contra Trump, su aplauso sarcástico al discurso del estado de la Unión que el presidente pronunció en 2019 ya es historia del parlamentarismo norteamericano. Además, el relevo generacional podría estar a la vuelta de la esquina. Biden ha insinuado con insistencia que podría ser un presidente de un solo mandato, abriendo la puerta a un nuevo liderazgo. Un poco más joven, mucho más femenino y, probablemente, menos blanco, ya que Kamala Harris cumplirá 60 años en 2024.
Y en Europa también
∴ Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de Portugal. 72 años
Gerontocracia en EE.UU, la nueva política 2Acaba de ser reelegido con mayoría absoluta. Hijo de político, lleva medio siglo en el ajo. La experiencia, en su caso, es un grado. Exhibe profundidad intelectual y cercanía al pueblo con igual desparpajo, además de ser un hábil negociador.
∴ Sauli Niinistö, presidente de Finlandia. 72 años
Gerontocracia, la nueva política 1
En política desde 1977, ha sido concejal, ministro, ha presidido el Parlamento y lleva casi una década como presidente. Europeísta convencido, fue clave para la entrada de su país en el euro. En 1995 perdió a su mujer en un accidente de tráfico y en 2004 sobrevivió al tsunami en Tailandia tras pasar horas sujeto a un poste.
∴ Isabel II, reina de Inglaterra. 94 años
Gerontocracia, la nueva política 2Isabel II lleva en el trono 68 años, el reinado más largo en la historia de su país. El 21 de abril cumplirá 95 años, fecha que muchos analistas han señalado como el día en que cederá el mando a su hijo Carlos. La reina ha conocido a 14 primeros ministros.
∴ Mario Draghi, primer ministro de Italia. 73 años
Gerontocracia, la nueva política 3‘Super Mario’ se ha movido entre la política y las finanzas. Se forjó en los ochenta en el Banco Mundial, dirigió el Tesoro italiano y pasó por Goldman Sachs antes de presidir el Banco Central de su país y el BCE. Sin ser cargo electo, ha sido nombrado primer ministro.
∴ Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo. 65 años
Gerontocracia, la nueva política 5Abogada, saltó a la política en 2005. En seis años ocupó tres carteras y, tras la crisis de 2008, el Financial Times’la nombró «mejor ministra de economía de la zona euro». En 2011 se puso al frente del FMI y en 2019 del Banco Central Europeo.