LLEGA LA INTELIGENCIA SINTÉTICA
Cada vez la tecnología condiciona más la sociedad.
La era digital ha hecho que la inteligencia artificial esté presente en nuestras vidas.
Una encuesta reciente reveló que el sesenta y cuatro por ciento de los empleados confiaba más en una máquina que en su jefe.
Y un ochenta y dos por ciento, opinaba que los robots pueden hacer el trabajo mejor que sus superiores.
No es descabellado pensar que algún día las máquinas o robots se harán cargo de nuestros mayores o hijos.
Muchos denominan a la inteligencia artificial como la nueva electricidad.
Quien consiga controlarla, dominará el planeta.
Los puestos de trabajo se están automatizando a pasos agigantados.
Es tendencia que las neurotecnologías intenten imitar el funcionamiento del sistema nervioso.
A esto se le conoce como tecnología neuromórfica.
Y busca superar las capacidades humanas.
La última generación de inteligencia artificial ya interactúa con las personas.
En las oficinas, liberan de carga de trabajo administrativo.
En las empresas, atienden a los clientes y resuelven sus dudas generales.
En muchas ocasiones, los nuevos candidatos a un puesto de trabajo, envían directamente su currículum a una inteligencia artificial.
En definitiva, esta ha entrado en todos los sectores:
Chatbots, buscadores o en la conducción automática.
El Hotel Strange de Tokio abrió sus puertas con la idea de mostrar una revolución.
Sus clientes sólo eran atendidos por robots dotados de IA.
Al final, la propuesta fracasó.
A la postre, resultaba más caro reprogramar y reparar los robots que contratar a personas de carne y hueso.
Otro ejemplo de la predominancia de la IA se aprecia en el mercado de valores.
A diario, la bolsa sube o baja y las empresas ganan o pierden dinero.
En la bolsa de Nueva York más del setenta y cinco por ciento de las operaciones en bolsa están automatizadas.
Ya no se ve a los brokers gritando para comprar y vender.
Ahora el dinero se gestiona mediante silenciosas operaciones informáticas.
A pesar de todo, la bolsa sigue necesitando un ajuste final, que es realizado por personas.
La inteligencia artificial ha aprendido a hablar, leer, escuchar y reconocer caras y objetos.
Es la evolución de la mente artificial.
La mente biológica tardó millones de años en evolucionar.
Mientras que la tecnológica ha dado un gran salto en apenas un siglo.
Los chips neuromórficos llevan décadas intentando imitar al sistema neuronal de nodos.
Recientemente, se sabe que existe un chip que tiene un diámetro 100 veces inferior al de un cabello humano.
Es capaz de imitar al cerebro, y emplear su mismo voltaje neurológico.
Esto es, los 80 milivoltios que usa el cerebro cuando sus neuronas se comunican entre ellas.
Sin embargo, la mente humana sigue siendo mejor en el razonamiento abstracto.
Cuando es capaz de procesar y dar sentido a informaciones incompletas.
Y lo conseguimos mediante la intuición.
La mente humana puede adaptarse a entornos cambiantes con un gran dinamismo.
Pero no nos confiemos, que ya operan los modelos de inteligencia artificial con aprendizaje automático.
Hasta ahora, la inteligencia artificial extraía datos estadísticos de las redes sociales.
Actualmente, su aprendizaje automático consiste en un sistema de programas que imitan el funcionamiento del cerebro humano.
Grandes compañías como Google o Facebook ya cuentan con estos sistemas de aprendizaje automático implantados en sus programas.
La automatización de la máquina se logra con la programación de diversos algoritmos que imitan el comportamiento humano.
El aprendizaje profundo o deep learning también se basa en algoritmos, pero con más niveles de procesamiento.
Primero filtra la información general.
Luego la convierte en específica.
Y después, otros filtros definen la información.
Y se obtienen conceptos complejos.
El aprendizaje profundo se nutre de nuestros datos.
Facebook ya tiene la aplicación Deep face.
Que puede reconocer a una persona por una imagen con bastante precisión.
Estos sistemas pueden aprender sin la supervisión humana.
Y cada vez van añadiendo más datos y experiencia acumulada de sus usuarios.
Es decir, pueden retroalimentar su conocimiento.
La inteligencia artificial está dando paso a un nuevo concepto: la inteligencia sintética.
Un equipo de ingenieros químicos de la Universidad de California ha conseguido crear un chip que almacena la memoria en nitrato de plata.
Sus nanopartículas de nitrato realizan conexiones semejantes a las sinapsis neuronales.
Es decir, que se han descubierto materiales que se comportan como las neuronas en su estructura molecular.
Las iniciativas no se terminan aquí.
Ya se trabaja en la creación de cerebros cuánticos.
Fusionando la computación cuántica con la inteligencia artificial.
Así que podemos suponer que en las próximas décadas la inteligencia no biológica producirá una gran parte de nuestro conocimiento.
Algunos gurús vaticinan que si existe vida inteligente en el espacio, probablemente se trate de una postbiológica.
Una inteligencia que ha evolucionado desde una biológica.
El cerebro humano tiene casi cien mil millones de neuronas que funcionan como procesadores.
Pero no pueden operar tan rápido como un ordenador.
Las neuronas pueden tener hasta 200 interacciones por segundo.
Y ya hay ordenadores que pueden efectuar 1.000 operaciones de punto flotante por segundo.
Incluso, existen simulaciones que sobrepasan ya el millón.
Por lo tanto, sería complicado ensamblar una inteligencia artificial con un cerebro biológico.
La velocidad de procesamiento neuronal no alcanzaría a la de la máquina.
Sería increíble poder hacer que las neuronas fuesen de 200 a 1.000 interacciones.
Quizás se lograría con electroestimulación o con psicoquímicos.
Pero no cargaríamos las neuronas con tanta aceleración.
Además, hay otra diferencia fundamental.
Las máquinas realizan únicamente sinapsis eléctricas.
Las de los humanos son también químicas.
Y son las que nos hacen sentir emociones.
La revolución cuántica dejará atrás a otros modelos de computación.
En un futuro no muy lejano, las decisiones de los gobiernos se estudiaran con algoritmos cuánticos.
Los ordenadores cuánticos nos ayudaran a ensayar nuevos tratamientos y a mejorar nuestras vidas.
Esta superinteligencia nos plantea un enorme reto.
Podría llegar el día en el que un centenar de máquinas tenga más capacidad de información que la mayor parte de la población mundial.
Nos encontraríamos ante una nueva oligarquía.
La de la inteligencia sintética.
La clave estará en la forma de programar los dispositivos.
Por muy superinteligentes que sean, siempre filtran la información dependiendo de su programación.
Según lo que decidan sus programadores.
Al menos, de momento.
Con tal de prevenirnos, los neuroderechos ya están incluidos en el capítulo 24.
En la carta de derechos digitales.